Cuando publiqué en el periódico La Prensa de Nicaragua (ahora confiscado por el régimen de Daniel Ortega y editado en línea desde el exilio) un artículo de opinión, en mis años de reportero político, sobre las elecciones en el Perú en 1992, recibí, a las pocas horas de su circulación, una llamada sensata, amistosa, pero aquilatadamente dura de parte del poeta y académico Guillermo Rothschuh Tablada, reclamándome cómo era posible que yo argumentara que, entre los candidatos presidenciales del Perú, el escritor Mario Vargas Llosa y el casi desconocido profesor universitario Alberto Fujimori, este último tenía más posibilidades de ganar.
“¿Cómo se le ocurre haber escrito esa barbaridad? Seguramente algún funcionario de la embajada peruana o alguien del equipo de ese candidato lo está influenciando con esos argumentos. No se confunda; ahí va a ganar de calle Vargas Llosa. No se enrede, mi querido amigo”, me espetó el conocido y gran poeta originario del departamento de Chontales.
Y es que, a pesar de las enormes simpatías nacionales e internacionales del ya famoso novelista y futuro Premio Nobel de Literatura, el candidato de origen japonés supo vender al electorado una mejor campaña, con un plan de gobierno práctico y directo, como en efecto ocurrió.
Traigo a colación esta gratamente recordada anécdota del querido maestro (Q. E. P. D.), justo ahora que se siguen contando, con ética matemática según la cantera de observadores internacionales, las elecciones en la nación andina, dándole altas preferencias de triunfo a Keiko, la hija y heredera del acertado legado presidencial del exmandatario y preso político Fujimori, injustamente encarcelado durante años por el ruin y corrupto sistema judicial peruano (similar al de prácticamente toda Hispanoamérica), coludido con la izquierda y sus dominios comunistas altamente dominantes.
Todo ello sin ánimo de entrar en el trillado debate sobre algunos fracasos de los intelectuales en busca del poder, derrotados, a pesar de su fama, por políticos cuyos discursos, eventualmente pragmáticos y sin tantas recargas teóricas, resultan ser más oportunos para los votantes.
Con más del 99 % de los votos contabilizados, la candidata de Fuerza Popular encabeza la elección presidencial por una diferencia cercana a los 24,000 votos —según los últimos cómputos oficiales— frente al candidato izquierdista Roberto Sánchez, en una de las contiendas más cerradas de la historia reciente, todo indicando que el país andino tendrá por primera vez una presidenta surgida del fujimorismo.
Esta nación, que ha tenido una sucesión vertiginosa de presidentes, crisis parlamentarias, destituciones, amañadas investigaciones judiciales y enfrentamientos permanentes entre los poderes del Estado, ha venido dejando consecuencias funestas en medio de una profunda fatiga ciudadana y un deterioro de la confianza en la democracia.
A diferencia de varios de sus antecesores, cuenta con una sólida estructura política nacional y con una bancada parlamentaria considerable. Y si a ello se suma la coincidencia programática con otras fuerzas de centroderecha y derecha representadas en el Congreso, entre ellas el sector político encabezado por Rafael López Aliaga, una de las figuras más relevantes del conservadurismo peruano contemporáneo, las puertas hacia la gobernabilidad y la estabilidad aflorarán con eficiencia.
Su triunfo también revive inevitablemente el debate sobre la figura de su padre, quien, para una gran mayoría ciudadana, fue el gobernante que logró derrotar al terrorismo maoísta de Sendero Luminoso y contener la violencia que durante años sembró el miedo en ciudades y zonas rurales, algo que la izquierda no le perdona y por lo cual, según sus defensores, se le violaron sus derechos humanos mediante una cárcel revanchista y resentida.
Hernando de Soto, probablemente el intelectual económico más influyente del primer período y defensor de la economía de mercado, fue uno de los impulsores del giro económico que terminó desembocando en el llamado “Fujishock”, en el que también tomaron parte, entre otros, Juan Carlos Hurtado Miller y Carlos Sansón Terán, siendo este de origen nicaragüense como alto funcionario del Banco Mundial.
Tras el llamado “Fujishock” de 1990, el Perú normalizó sus relaciones con el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Gracias a ello se renegoció la deuda externa, regresó el crédito internacional y volvieron las inversiones.
Según el analista político Juan Alberto Ugaz, ya camina un proceso dañado por el fraude en la primera vuelta, cuyo peligro es haber permitido el ingreso de miembros de Sendero Luminoso al Parlamento.
“Entraron con fraude. Por otro lado, el perdedor Roberto Sánchez llamó a una insurgencia en guerra civil y no salió nadie a defenderlo. Keiko va a tener que poner mano firme en la conducción del país”, atestiguó.
Paradójicamente, varias de las ideas económicas que permitieron la recuperación peruana nacieron en el entorno intelectual de Vargas Llosa, pero fue Fujimori quien terminó aplicándolas desde el poder.
Corresponde a Keiko continuar ese legado para engrandecer nuevamente al Perú, para que la célebre frase sobre cuándo se “jodió” sea únicamente una referencia de su pasado.







