Un informe de Center for the Study of Democracy (CSD) alertó sobre la creciente conexión entre productores químicos chinos y organizaciones criminales mexicanas dedicadas a la fabricación de drogas sintéticas, en una red internacional que combina comercio legal, puertos marítimos y estructuras financieras opacas.
El documento, titulado “Shadow Alliances”, sostiene que empresas y corredores vinculados a China suministran precursores químicos utilizados para producir fentanilo y metanfetaminas en México, especialmente a través de rutas comerciales que atraviesan el océano Pacífico.
Según el reporte, esta dinámica se ha convertido en una de las principales preocupaciones de seguridad regional debido al crecimiento del mercado de drogas sintéticas y al alcance transnacional de las redes criminales. Los investigadores señalan que los químicos suelen ingresar mezclados con mercancías legales o mediante intermediarios comerciales difíciles de rastrear.
El informe explica que estas operaciones aprovechan “vacíos regulatorios”, debilidades en controles aduaneros y sistemas financieros paralelos para mover dinero y mercancías entre Asia y América Latina.

Empresas fachada
Los autores advierten que muchas de estas redes funcionan utilizando estructuras aparentemente legales, como empresas fachada, servicios de importación y compañías de logística que permiten ocultar el origen real de los cargamentos. También mencionan el uso creciente de criptomonedas y sistemas informales de transferencia de dinero.
El reporte identifica a México como uno de los principales puntos estratégicos dentro de esta cadena global debido a sus puertos sobre el Pacífico y a la capacidad de los carteles para procesar sustancias químicas y distribuir drogas hacia Estados Unidos y otros mercados internacionales.
Además, el estudio sostiene que las organizaciones criminales han desarrollado alianzas cada vez más sofisticadas con intermediarios extranjeros para garantizar el suministro constante de químicos necesarios para la producción de drogas sintéticas.
Los investigadores remarcan que el fenómeno ya no puede analizarse únicamente como un problema de narcotráfico, sino también como parte de redes internacionales de influencia, comercio clandestino y crimen transnacional que operan aprovechando la globalización y las debilidades institucionales en distintos países de la región.






