El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) advierte una caída histórica en la natalidad mientras aumenta la esperanza de vida, presionando el sistema de pensiones y salud.
Costa Rica atraviesa un cambio demográfico profundo. La tasa bruta de natalidad se ubica en 9,6 nacimientos por cada mil habitantes, una de las más bajas de América Latina, mientras que la tasa global de fecundidad cayó a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional.
Los datos forman parte del informe Costa Rica en cifras 2025, elaborado por el INEC, entidad oficial encargada de la producción estadística del país.
El nivel de reemplazo poblacional se sitúa alrededor de 2,1 hijos por mujer. Con 1,2, Costa Rica no está generando suficientes nacimientos para mantener estable su población a largo plazo, lo que anticipa un envejecimiento acelerado en las próximas décadas.

En paralelo, la esperanza de vida continúa en ascenso. Las mujeres alcanzan 83,5 años y los hombres 78,6 años, consolidando al país entre los de mayor longevidad en la región.
Actualmente, el país registra 29.189 defunciones anuales, con una tasa de mortalidad general de 7,2 por cada mil habitantes.
Aunque la mortalidad infantil es baja (5,3 por mil nacimientos), la combinación de menos nacimientos y mayor longevidad acelera el envejecimiento poblacional.
Este cambio demográfico implica una mayor presión sobre el sistema de pensiones, los servicios de salud y la sostenibilidad fiscal. Menos personas en edad productiva deberán sostener a una población creciente de adultos mayores.
En Centroamérica, Costa Rica marca una diferencia significativa frente a países como Guatemala o Honduras, donde la fecundidad es más alta. Sin embargo, el reto costarricense se asemeja cada vez más al de economías desarrolladas que enfrentan envejecimiento y reducción de la fuerza laboral.
De acuerdo al informe, el desafío hacia el futuro será adaptar políticas públicas, incentivar la participación laboral y fortalecer el sistema de seguridad social para enfrentar una transición demográfica que ya está en marcha y que redefinirá la estructura económica del país.







