La designación quedó establecida en el Acuerdo Presidencial No. 105-2026, fechado el 27 de julio de 2026, que dispone que ejercerá el cargo “sin goce de salario”.
El documento también establece que el acuerdo entra en vigor a partir de esa fecha y ordena su publicación en La Gaceta, diario oficial.
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La cara del deporte oficialista
De acuerdo a los reportes de la prensa independiente de Nicaragua, Maurice Facundo es uno de los hijos de Daniel Ortega y Rosario Murillo que ha asumido un papel cada vez más visible dentro de la estructura del régimen, especialmente en el ámbito deportivo, pese a no contar entonces con un nombramiento formal.
Desde 2024 actuaba cada vez con más frecuencia como delegado presidencial y principal figura de control del deporte en Nicaragua.
En los medios oficialistas es presentado de forma recurrente como “delegado presidencial para el Deporte”, aunque su designación no había sido formalizada.

Nepotismo Ortega Murillo
Maurice Facundo es el séptimo hijo de la pareja dictatorial. Está casado con Nahima Díaz, la hija del jefe policial Francisco Díaz, quien dirige desde Telcor la represión y espionaje contra los nicaragüenses.
Tanto Maurice, como Nahima y su padre están sancionados por Estados Unidos y Europa por violaciones de derechos humanos y corrupción.
El hijo de los dictadores posee, además, un historial de ostentación que incluye vehículos de lujo e inmunidades diplomáticas que evidencian un modelo familiar de poder en el país.
Al frente de los deportes, el hijo de la pareja ya centraliza el control del sector, impone la bandera rojinegra a los atletas, recluta a deportistas y controla las disciplinas juveniles, además de instrumentalizar el atletismo como una fachada de normalidad política.
Poder en la familia
Esta táctica de controlar la administración pública a través de sus hijos, se replica en cada área estratégica del actual régimen.
Mientras Maurice captura el ámbito deportivo y el engranaje técnico audiovisual del régimen, su hermano Juan Carlos Ortega Murillo controla férreamente las frecuencias de televisión abierta y las plataformas de grandes eventos musicales y culturales.
Juan Carlos administra los canales 8 y 13 como megáfonos partidarios, asegurando que la cultura y el entretenimiento respondan de forma sumisa a la narrativa imperante del Estado dinástico.
Oro, negocios sucios y alianzas turbias
En el escalafón del poder internacional, Laureano Ortega Murillo encarna la cara más visible de la diplomacia paralela.
Asumiendo responsabilidades que corresponderían a una Cancillería institucional, Laureano dirige de manera directa las alianzas geopolíticas con los regímenes autoritarios de China, Rusia, Irán y Corea del Norte.
Bajo la fachada de representaciones de inversiones, administra de forma discrecional los acuerdos bilaterales de seguridad, la concesión de recursos estratégicos y el monopolio de la minería de oro, convirtiendo las relaciones exteriores del país en un negocio privado de la casta gobernante.
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Además, con fondos públicos goza de un instituto de canto que maneja a su gusto y es el encargado de entretener a los visitantes de la dictadura con espectáculos de ópera, teatro y otros actos culturales de alto nivel.
A esta red se suma la vertiente económico-financiera maniobrada por Rafael “Payo” Ortega Murillo, quien maneja el emporio empresarial secreto de la familia.
Rafael gestiona la distribución del petróleo, el control de las importaciones clave y la red corporativa a través de la cual el régimen canaliza esquemas de presunto lavado de capitales para evadir la fiscalización internacional.
Mientras tanto, en la esfera mediática interna, Camila Ortega Murillo actúa como la principal asistente y mano derecha de su madre, Rosario Murillo, dirigiendo eventos de moda oficialistas, portales web, emisoras radiales y canales televisivos, consolidando un monopolio sobre la estética e imagen del poder.
Propaganda, represión y espionaje
El control ideológico y la persecución cibernética son coordinados por Daniel Edmundo Ortega Murillo desde el Consejo de Comunicación y Ciudadanía.
Daniel Edmundo dirige los medios de comunicación estatales y la maquinaria de propaganda oficialista, coordinando directamente granjas de troles y perfiles falsos financiados con fondos del tesoro público para acosar, censurar y desinformar a la ciudadanía nicaragüense.
No obstante, las acciones del clan no han pasado desapercibidas. Tanto los autoproclamados copresidentes, Daniel Ortega y Rosario Murillo, como cada uno de sus hijos en funciones operativas, han sido objeto de severas sanciones internacionales imponidas por Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea.
Estas sanciones señalan directamente su implicación en actos masivos de corrupción, la comisión de crímenes de lesa humanidad y la destrucción del orden democrático.
