Los negocios relacionados a la industria del oro en Nicaragua están concentrados en manos del círculo familiar de Daniel Ortega y Rosario Murillo con ayuda de China y sus redes empresariales, con los que buscan desplazar al sector privado, así lo alertó el analista Manuel Orozco durante un foro del Diálogo Interamericano en Washington.
Orozco explicó que el régimen ha estructurado un modelo económico basado en la captura de sectores estratégicos, con el oro como nuevo objetivo central.
“Murillo y (su hijo) Laureano Ortega básicamente quieren desplazar al sector minero (privado) que opera actualmente, apoderándose de la exploración, la producción y las exportaciones de oro”, expuso.
Este proceso se inserta en lo que el experto define como una “captura del Estado”, en la que las instituciones se convierten en instrumentos para favorecer intereses privados ligados al poder político.
“La cleptocracia funciona a través de diferentes vías. Una de ellas es la confiscación de propiedades, la extorsión y la intimidación, prácticas que operan de forma generalizada”, dijo.
El esquema no solo implica apropiación de activos, sino también la exclusión de competidores y la reconfiguración del mercado a favor de operadores vinculados al régimen.
Redes empresariales chinas y reconfiguración económica
Un elemento clave en esta transformación es la creciente influencia de China en Nicaragua, bajo complicidad estratégica de la dictadura.
Según Orozco, el régimen ha desplazado sus fuentes tradicionales de financiamiento hacia préstamos y proyectos ligados a empresas chinas, ante la escasez de fondos de otras fuentes.
“Los préstamos extranjeros provienen principalmente de China… luego invierten en una red local de empresas amigas, no más de tres empresas que tienen una red de pequeñas empresas donde cooperan entre sí”, explicó.
Estas redes, agregó, operan con ventajas fiscales que distorsionan la competencia privada, que sufre multas multimillonarias, extorsión y confiscación.
“Laureano Ortega opera directamente con pequeñas empresas, ofreciéndoles oportunidades libres de impuestos”, afirmó.
Este modelo ha contribuido a modificar la estructura comercial del país, facilitando la entrada masiva de importaciones chinas y desplazando a actores locales, advierte Orozco.
El auge del oro
El auge del oro se ha consolidado como un factor clave de la economía nicaragüense. Datos del Banco Central de Nicaragua y estimaciones de organismos financieros indican que en 2025 las exportaciones auríferas superaron los 1.500 millones de dólares.
“El oro nicaragüense este año va a crecer a 800,000 onzas de exportaciones. El año pasado fueron 600,000. Se están expandiendo significativamente. La mayor parte de este negocio es para su propio beneficio”, alertó Orozco.
Ello equivale aproximadamente a entre el 7 % y el 9 % del Producto Interno Bruto (PIB), en una economía valorada en unos 21.000 millones de dólares.
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Tres economías paralelas y estabilidad frágil
El análisis de Orozco describe una economía fragmentada en tres niveles: una economía informal que emplea a tres cuartas partes de la fuerza laboral, pero aporta solo el 20 % del PIB; una economía popular sostenida por remesas, que alcanzan unos 6.000 millones de dólares anuales; y una economía capturada por el Estado.
“Nicaragua tiene una economía de 21 mil millones de dólares. 6 mil millones en remesas… en conjunto conforman prácticamente la totalidad de la economía”, explicó.
Esta estructura genera una estabilidad aparente, pero es vulnerable a factores externos.
“Cualquier cambio significativo, como una disminución de las remesas o una desaceleración del comercio, puede provocar una contracción a corto plazo”, advirtió.
Un país convertido en botín político
Más allá del oro, los expertos describen un fenómeno más amplio: la transformación del país en un sistema capturado.
“La captura del Estado es la forma en que el régimen se aprovecha de las instituciones para instaurar una estructura cleptocrática”, señaló Orozco.
Las consecuencias se reflejan con claridad en la educación superior, golpeada por la confiscación y asalto de al menos 30 universidades privadas.
“En 2017 había entre 180.000 y 200.000 estudiantes universitarios. Este año solo se registraron 80.000”, señaló.
El desplome evidencia el impacto de la confiscación de universidades privadas tras la crisis de 2018 y la pérdida de confianza de la juventud en el sistema educativo.
Migración y deterioro social
El deterioro económico y político ha impulsado una migración sostenida, especialmente entre jóvenes que, según encuestas internacionales, tienen intenciones mayoritarias de huir del país.
“Todavía tienen la intención de emigrar… necesitan un mejor trabajo y no hay trabajo”, dijo Orozco.
La falta de oportunidades, combinada con la represión y el cierre de espacios educativos, ha convertido la migración en una salida casi obligada.
Las remesas que envían esos migrantes sostienen la economía interna, generando una dependencia estructural.
Futuro incierto bajo control económico
Pese al crecimiento en sectores como el oro, los expertos coinciden en que la estabilidad es limitada. “Hay estabilidad económica en el país, pero es marginal”, afirmó Orozco.
En ese contexto, la ofensiva sobre la minería representa un punto crítico: el principal rubro exportador podría convertirse en un instrumento directo de acumulación de poder económico.
Para los analistas del Diálogo Interamericano, Nicaragua atraviesa una transformación estructural en la que los recursos estratégicos dejan de ser motores de desarrollo y pasaron a ser herramientas de control político.
El resultado, advierten, es una economía cada vez más concentrada, una sociedad con menos oportunidades y una población que, ante la falta de alternativas, continúa mirando hacia la migración como única salida.
