Este jueves se cumplen 37 años de la represión militar ocurrida en la Plaza de Tiananmen, en Pekín, uno de los episodios más sangrientos de la historia contemporánea de China y que continúa siendo objeto de censura dentro del país asiático.
La noche del 3 al 4 de junio de 1989, tropas del Ejército Popular Chino (EPL) ingresaron a la plaza y sus alrededores para desalojar una protesta liderada por estudiantes, trabajadores y ciudadanos que exigían reformas democráticas, mayor apertura política y medidas contra la corrupción.
Aunque el Gobierno chino sostiene que durante los enfrentamientos murieron 319 personas, organizaciones internacionales de derechos humanos estiman que el número real de víctimas podría ascender a varias millas. Hasta la fecha, las autoridades no han publicado un balance definitivo sobre fallecidos, heridos o desaparecidos.
En el marco del aniversario, el secretario del Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, rindió homenaje a las víctimas y cuestionó los esfuerzos de las autoridades chinas para impedir que los hechos sean registrados.
“El 4 de junio, el mundo cumple 37 años desde que el Partido Comunista Chino ordenó a sus tropas atacar a miles de manifestantes pacíficos en la Plaza de Tiananmen y sus alrededores. Estudiantes, trabajadores y otros civiles chinos que perdieron la vida se habían reunido para ejercer sus derechos naturales y exigir reformas democráticas y rendición de cuentas por la corrupción. Recordamos sus vidas y honramos su legado. Ninguna censura puede borrar el pasado. Aquellos que se sacrificaron para defender sus derechos inalienables de libre expresión y reunión pacífica serán reivindicados algún día”, afirmó Rubio.
Por su parte, el grupo Madres de Tiananmen, integrado por familiares de las víctimas, reiteró su exigencia de que el Gobierno chino revele toda la verdad sobre la represión, indemnice a las familias afectadas y procese a quienes ordenaron o ejecutaron la intervención militar.
La organización denunció además que las autoridades continúan restringiendo cualquier acto de conmemoración relacionado con los acontecimientos de 1989. Medios internacionales reportaron que varios integrantes del colectivo recibieron notificaciones policiales prohibiéndoles visitar las tumbas de sus familiares durante la fecha del aniversario.

Desde Taiwán, el presidente Lai Ching-te también se pronunció sobre la efeméride y pidió a Pekín reconocer los hechos y avanzar en el respeto de las libertades fundamentales de los ciudadanos chinos.
“Una nación verdaderamente grande no debe depositar su fe en el poder militar o la búsqueda de la fuerza. Más bien, debe abrazar voces diversas, proteger el derecho del pueblo a perseguir sus sueños y tener el coraje de enfrentar las heridas de su historia”, manifestó el mandatario taiwanés en una publicación en redes sociales.
Mientras tanto, el Gobierno chino mantiene su postura histórica y continúa describiendo lo sucedido como una “agitación” que fue controlada de manera adecuada. En China continental, las referencias públicas a Tiananmén siguen siendo objeto de censura y las conmemoraciones relacionadas con la fecha permanecen fuertemente restringidas por las autoridades.







