El Partido Comunista de China (PCCh) manifestó su respaldo a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo durante una reunión sostenida en Pekín con Laureano Ortega Murillo, hijo de los dictadores nicaragüenses.
Ortega Murillo se reunió con el viceministro del Departamento Internacional del Comité Central del PCCh, Ma Hui, y otros integrantes del oficialismo chino.
Según informó la plataforma oficial “Amigos de la China Socialista”, Ma aseguró que China continuará apoyando a la dictadura de Nicaragua en la defensa de su soberanía, la elección de un “modelo de desarrollo propio y la oposición a la “injerencia externa”.
El mensaje coincide con el creciente aislamiento internacional del régimen nicaragüense por denuncias de violaciones a los derechos humanos.
El encuentro tuvo lugar el 22 de junio en el marco de la Cuarta Exposición Internacional de la Cadena de Suministros de China, a la que asistió una delegación nicaragüense encabezada por Laureano Ortega.
La reunión fue divulgada el lunes por el Departamento Internacional del PCCh, que destacó además intercambios sobre el pensamiento político del presidente chino, Xi Jinping, y la construcción partidaria.
Expertos alertan sobre cooperación en vigilancia
Analistas consultados sobre el acercamiento entre ambas fuerzas políticas consideran que el respaldo chino podría trascender los ámbitos diplomático y económico.
China ya apoya a Nicaragua en el suministro de equipos, tecnologías y recursos para el espionaje, el control social y la represión policial.
China y Nicaragua restablecieron relaciones diplomáticas en diciembre de 2021, después de que Managua rompiera sus vínculos con Taiwán. Desde entonces, ambos gobiernos han firmado acuerdos de cooperación en comercio, infraestructura, tecnología y formación política.
La profundización de esos lazos ocurre mientras el régimen de Ortega y Murillo enfrenta sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, así como cuestionamientos de organismos internacionales por la represión desencadenada tras las protestas de 2018.
Según la Organización de los Estados Americanos, la represión de aquellas manifestaciones dejó más de 350 muertos entre 2018 y 2019, además de miles de exiliados y centenares de detenidos.







