La invitación del Gobierno de Costa Rica a los cancilleres sandinistas para asistir a la toma de posesión de la presidenta electa Laura Fernández, provocó el rechazo de la oposición nicaragüense en el exilio, que cuestionan el mensaje político de esa decisión.
El canciller costarricense, Arnoldo André, confirmó que la ceremonia reunirá a 89 delegaciones internacionales, entre ellas representantes de 71 países y 18 organismos multilaterales.
Aunque evitó precisar inicialmente quién representará a Nicaragua, fuentes diplomáticas señalan al cocanciller Valdrack Jaentschke como jefe de la delegación.
Organizaciones de nicaragüenses exiliados criticaron la invitación y alertaron sobre sus implicaciones.

Críticas desde el exilio
La organización Renacer Nicaragua expresó en una carta su “profunda preocupación” y calificó como “un grave error político y ético” la eventual participación de Jaentschke.
Los colectivos consideran que Costa Rica envía una señal contradictoria con su histórica defensa de los derechos humanos y su papel como refugio para miles de nicaragüenses que huyeron de la represión.
El cuestionamiento se intensifica por los señalamientos internacionales contra el funcionario.
Un informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) de Naciones Unidas lo ubica como uno de los actores relevantes en la estructura de represión transnacional del régimen.
Según ese documento, Jaentschke participó en la coordinación de acciones de vigilancia, persecución y hostigamiento contra opositores en el exilio, especialmente durante su paso por representaciones diplomáticas en Honduras y Costa Rica.
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Contexto y tensiones regionales
El informe también vincula esa red con hechos bajo investigación, como el asesinato del mayor en retiro Roberto Samcam en junio de 2025 en San José, un caso que sigue abierto en la justicia costarricense.
Analistas y opositores sostienen que el régimen del dictadorDaniel Ortega utiliza el aparato diplomático como herramienta de control político y proyección internacional.
En ese contexto, la presencia de cancilleres sandinista en un acto democrático adquiere un fuerte peso simbólico.
El líder opositor Félix Maradiaga advirtió que la dictadura nicaragüense representa “una amenaza directa para la estabilidad democrática” de la región.
Costa Rica enfrenta así un delicado equilibrio entre su política exterior y su tradición democrática, mientras la posible presencia de un alto funcionario señalado por organismos internacionales genera inquietud entre la comunidad exiliada.







