China está ejecutando una estrategia mucho más discreta, pero potencialmente más efectiva, para ampliar su presencia en Latinoamérica. Lejos de los grandes puertos, represas y obras de infraestructura que marcaron la última década, Pekín estaría construyendo una extensa red de acuerdos con gobiernos provinciales y municipales para consolidar su influencia política, económica y tecnológica en la región, según un análisis publicado por Foreign Affairs.
El estudio sostiene que el gobierno chino modificó su estrategia tras comprobar que los megaproyectos resultaban costosos y generaban una creciente resistencia geopolítica.
En su lugar, comenzó a privilegiar inversiones de menor escala, acuerdos institucionales y contratos tecnológicos que, aunque reciben poca atención pública, terminan creando relaciones de dependencia mucho más difíciles de revertir.
Uno de los pilares de esta estrategia ha sido la expansión de empresas chinas en sectores considerados sensibles para el funcionamiento de los Estados. El informe señala que al menos 35 ciudades latinoamericanas utilizan sistemas de vigilancia de origen chino, mientras compañías del país asiático participan en la distribución eléctrica, la explotación de litio, el transporte urbano y la provisión de equipos para fuerzas policiales y organismos de seguridad.

La influencia también avanza mediante vínculos políticos de largo plazo. Según el análisis, China mantiene casi 180 acuerdos de ciudades hermanas con 17 países latinoamericanos, una red de cooperación que le permite establecer relaciones directas con alcaldes, gobernadores y autoridades locales, incluso al margen de los cambios en los gobiernos nacionales.
Esa estrategia, advierte el documento, fortalece la capacidad de Pekín para consolidar su presencia institucional en la región.
Pekín en Centroamérica
Centroamérica tampoco ha quedado al margen. Honduras, que rompió relaciones diplomáticas con Taiwán en 2023 para reconocer a la República Popular China, firmó posteriormente 17 acuerdos de cooperación con Pekín.
Más tarde, el sistema nacional de emergencias adjudicó un contrato para un sistema chino de gestión de video e inició la instalación de 3.500 cámaras fabricadas por Huawei, como parte de un proyecto de ciudad inteligente.

Los autores sostienen que esta estrategia busca generar una dependencia creciente de tecnología, mantenimiento, capacitación y servicios proporcionados por empresas chinas.
A diferencia de los megaproyectos, estos acuerdos suelen pasar inadvertidos porque se presentan como contratos municipales, programas de cooperación o adquisiciones de equipos, aunque en conjunto terminan integrando infraestructura considerada estratégica para la seguridad y el funcionamiento de los Estados.
El informe concluye que mientras Estados Unidos continúa concentrando su atención en los grandes puertos, represas y otras obras emblemáticas impulsadas por China, Pekín avanza mediante una estrategia silenciosa de expansión territorial e institucional.
Según el análisis, la acumulación de cientos de acuerdos locales, inversiones y proyectos tecnológicos está permitiendo al gigante asiático fortalecer su capacidad de influencia en Latinoamérica y consolidar una red de relaciones que podría redefinir el equilibrio geopolítico de la región en los próximos años.






