En una región marcada por la sequía, la degradación de los suelos y la incertidumbre climática, mujeres rurales del Trifinio están liderando iniciativas que transforman la producción agrícola y fortalecen la economía familiar.
Según una publicación de ONU Mujeres, esto lo han logrado a través de prácticas agroecológicas y modelos de organización comunitaria, han encontrado alternativas para producir alimentos de manera sostenible y adaptarse a los desafíos del cambio climático.
Una de esas experiencias es la de Doris Maribel Ramos de Martínez, residente de Metapán, quien junto a otras mujeres organizadas ha impulsado huertos comunitarios y familiares que hoy contribuyen tanto a la alimentación como a la generación de ingresos.
“Antes solo comíamos arroz, frijoles, queso y crema, y ahora ya le agregamos lechuga, rábano, y pepino”, cuenta Doris. “Ya podemos decir que tenemos una alimentación más saludable y más nutritiva”.
En la huerta comunitaria participan 13 mujeres que cultivan diversas hortalizas como tomate, cebollín, cilantro, chile verde, hierbabuena y lechuga. Los conocimientos adquiridos han sido replicados posteriormente en parcelas familiares adaptadas a las condiciones de cada hogar.
El proceso ha contado con el acompañamiento de la Comisión Trinacional del Plan Trifinio, el Instituto Italo-Latinoamericano (IILA), ONU Mujeres y otras organizaciones que promueven modelos productivos sostenibles en territorios fronterizos de El Salvador, Guatemala y Honduras.
Además de mejorar la disponibilidad de alimentos frescos, la iniciativa ha permitido que las mujeres comercialicen excedentes agrícolas y obtengan ingresos complementarios. Parte de esos recursos se integran a grupos de ahorro comunitario que facilitan préstamos internos e impulsan nuevos emprendimientos.
“Ahora comemos diferente, porque hay un ingreso extra con el que podemos contribuir al sustento familiar”, expresa Doris. “Ya podemos comprar pollo y diversificar nuestra alimentación”.
Uno de los resultados más destacados ha sido la creación de la biofábrica San Andrés El Llano, donde se producen abonos orgánicos e insumos agroecológicos elaborados con microorganismos de montaña y materiales naturales. La iniciativa permite reducir costos de producción y abre nuevas oportunidades de negocio para las participantes.
“Ahí elaboramos abono tipo bocashi. Ya tenemos una marca familiar: Biofábrica San Andrés del Llano”, explica la productora salvadoreña.
Las mujeres involucradas destacan que el éxito del proyecto radica en la organización colectiva. “Al estar organizadas podemos obtener más beneficios, atraer donantes y vincularnos con actores interesados en invertir”, señala Doris. La experiencia demuestra cómo la agricultura agroecológica, el ahorro comunitario y las alianzas institucionales pueden fortalecer la seguridad alimentaria, impulsar la acción climática y generar desarrollo económico en una de las regiones más vulnerables de Centroamérica.







