La dictadura de Nicaragua reconoció un déficit de lluvias en las regiones del Pacífico y Centro-Norte del país a causa del fenómeno climático El Niño, aunque lo describió como “no severo” y evitó declarar cualquier tipo de alerta o emergencia, a diferencia de sus vecinos centroamericanos, que sí han activado medidas ante la sequía.
El director de Meteorología del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), Marcio Baca, afirmó en declaraciones a medios oficialista que zonas como la Costa Caribe y los municipios de apante han registrado lluvias “favorables”.
A la vez proyectó un repunte de las precipitaciones naturales en septiembre y octubre por la influencia indirecta de la actividad ciclónica en el Pacífico.
Baca no se refirió a la posibilidad de que Nicaragua declare alerta o emergencia y achacó la ausencia temporal de lluvias al periodo seco histórico de la canícula.
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Críticas subterráneas
Ese diagnóstico oficial contrasta con el de especialistas consultados bajo condición de anonimato, quienes advirtieron que el suelo carece de humedad más allá de los 40 centímetros de profundidad.
Expertos han dicho de forma clandestina que la zona del noroccidente y el Corredor Seco debieron recibir una declaratoria de alerta “desde hace tiempo” ante el riesgo de inseguridad alimentaria.
La falta de contraste independiente de estas cifras no es un dato menor: desde el estallido de la crisis sociopolítica de 2018, Nicaragua carece de organismos ambientales y científicos autónomos que puedan verificar la información gubernamental.
La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha confiscado y expulsado a decenas de organizaciones no gubernamentales, universidades y centros de investigación.
Ese vacío institucional convierte a las cifras oficiales del Ineter en la única fuente disponible sobre el clima en el país, sin posibilidad de verificación externa.
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Crisis en Centroamérica
El caso nicaragüense se enmarca en una crisis climática que afecta a todo un istmo de siete países: Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, con unos 523.000 kilómetros cuadrados de extensión y más de 50 millones de habitantes, según Naciones Unidas.
La región es atravesada por el Corredor Seco, una franja de 63 municipios entre el lago Cocibolca y la frontera hondureña, hoy en el centro de la emergencia regional.
A diferencia de Managua, Panamá y El Salvador decretaron esta semana estado de emergencia por la sequía.
Honduras declaró alerta roja indefinida en 103 municipios de los departamentos de Comayagua, La Paz, Francisco Morazán, El Paraíso, Valle, Choluteca, Intibucá y Lempira, con despliegue de ayuda humanitaria.
Las autoridades panameñas explicaron que la medida busca agilizar trámites ante las pérdidas económicas y ambientales, mientras El Salvador reforzó la vigilancia de fuentes hídricas, cultivos y focos epidemiológicos.







