La capital hondureña permanece en alerta roja mientras el programa municipal Agua Solidaria intenta responder a una demanda que supera su capacidad operativa. La emergencia afecta especialmente a barrios ubicados en zonas altas y con redes deficientes.
La Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS) dispone de 58 cisternas, de las cuales 52 son alquiladas y seis pertenecen a la Alcaldía del Distrito Central. Entre abril y el 23 de agosto de 2026, la flota realizó 2,285 recorridos gratuitos.
Los registros oficiales indican que en junio fueron entregados más de 2.3 millones de galones en 570 recorridos, mientras que en julio se distribuyeron otros 2.2 millones mediante 538 desplazamientos. Durante los primeros 23 días de agosto se contabilizaron 295 viajes con 1.1 millones de galones.
Una cisterna seguida por el medio hondureño llegó a Villa Laureles con unos 40 barriles. El contenido se agotó después de abastecer cuatro viviendas y otras seis quedaron sin recibir el recurso, pese a que la solicitud había sido presentada 15 días antes.

El precio del agua
Ante la falta de servicio, una familia puede gastar alrededor de 1,400 lempiras mensuales, unos US$53, en agua privada. A ese desembolso se suma el pago de tarifas regulares, aunque algunos hogares denuncian que el líquido no llega desde marzo.
En otros sectores, el suministro por tubería aparece apenas cada nueve días y algunos habitantes deben caminar o trasladarse hasta 1.3 kilómetros para llenar sus recipientes.
La situación expone un problema compartido por varias ciudades de Centroamérica: sequías más severas, infraestructura insuficiente y una creciente dependencia de las cisternas para garantizar un servicio básico.






