El diario La Prensa nombra al “nicaragüense apátrida” como Personaje del Año 2025

Desde el exilio, el medio más antiguo e influyente de Nicaragua destacó a quienes han sido despojados de su nacionalidad y empujados fuera del país por la política represiva del régimen Ortega-Murillo

nicaraguense apatrida

Ilustración del caricaturista Manuel Guillén que ilustra la portada de La Prensa en su selección del nicaragüense apátrida como el personaje del año.

El diario La Prensa, el medio de comunicación más antiguo e influyente de Nicaragua, anunció desde el exilio que el “nicaragüense apátrida” es el Personaje del Año 2025, una designación simbólica y colectiva que busca visibilizar a miles de ciudadanos privados de su nacionalidad y derechos fundamentales.

LA PRENSA elige como Personaje del Año 2025 a los nicaragüenses que, debido a una de las políticas más represivas del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, afrontan en el exilio la desprotección del Estado por la privación de su nacionalidad”, señaló el diario en su portada digital, difundida este fin de año desde fuera del país.

La apatridia, el destierro y el exilio forzado son considerados por Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia como un delito de lesa humanidad.

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Una tradición periodística con décadas de historia

Desde hace décadas, La Prensa realiza cada año la elección del Personaje del Año, un reconocimiento y proceso editorial que combina consulta a lectores en redes sociales, debate interno del Consejo Editorial y una evaluación del impacto público, los aportes a la sociedad y los valores transmitidos por la persona —o, como en este caso, el colectivo— distinguido.

En años anteriores, el diario ha reconocido a figuras del ámbito político, social, cultural y cívico.

Sin embargo, la elección de 2025 marca un punto de quiebre: por primera vez, el protagonismo no recae en un individuo concreto, sino en una condición impuesta por el poder político como forma de castigo y control.

Más de 800,000 nicaragüenses han salido del país desde 2018. Cientos de ellos han quedado apátridas de hecho y otros miles

El contexto: desnacionalización y destierro

La decisión editorial se produce en un contexto de represión sostenida contra opositores, periodistas, defensores de derechos humanos, líderes religiosos y ciudadanos críticos del Gobierno que encabezan Daniel Ortega y Rosario Murillo.

De acuerdo con recuentos de organismos de derechos humanos y del propio diario, más de 400 nicaragüenses han sido desnacionalizados de manera directa, mediante resoluciones judiciales o administrativas que les arrebataron la ciudadanía y los expulsaron del país.

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A esta cifra se suman miles de personas declaradas apátridas de facto, a quienes el Estado les ha impedido retornar a Nicaragua.

En muchos de estos casos, las autoridades han negado el ingreso al país, cancelado pasaportes, eliminado registros civiles y bloqueado la emisión de documentos de identidad, dejando a estas personas en un limbo jurídico y sin la protección de ningún Estado, una situación que contraviene normas básicas del derecho internacional.

Desde el inicio de la crisis en 2018, al menos 80,0,000 nicaragüenses han salido del país como migrantes económicos y exiliados políticos, según datos del Colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más.

Luis Cañas, a la derecha, es el esbirro del dictador Daniel Ortega a cargo de las políticas de destierro y exilio forzado, entre otros crímenes de lesa humanidad.

El exilio como nueva “normalidad

Para La Prensa, que desde 2021 opera en el exilio tras el asalto policial a su redacción y el encarcelamiento de su entonces director, la figura del apátrida resume el drama de una Nicaragua fragmentada por el destierro.

El periódico subraya que esta condición no solo afecta la identidad legal, sino también la vida familiar, el acceso al trabajo, la educación, la salud y la posibilidad de ejercer derechos civiles básicos.

Al nombrar al “nicaragüense apátrida” como Personaje del Año, el diario busca documentar una política de Estado, pero también reivindicar la dignidad y la resistencia de quienes, aun despojados de su nacionalidad, continúan denunciando la represión y defendiendo los valores democráticos desde el exilio.

La elección, concluye el medio, es a la vez un reconocimiento y una denuncia: un recordatorio de que, en la Nicaragua actual, perder la patria se ha convertido en una herramienta de castigo político, y de que el periodismo sigue teniendo la obligación de nombrar esa realidad, incluso desde fuera de sus fronteras.

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