En El Salvador, ni la política ni el fútbol ocupan esta semana el centro de atención de las redes sociales. El protagonista inesperado es un fruto tropical de sabor dulce y pulpa cremosa: la anona. Lo que ha encendido la discusión pública no es su sabor, sino su precio. Algunos reportes indican que en puestos informales de la carretera Litoral, una anona puede costar entre $15 y hasta $30 por unidad. Sí, leyó bien: $30 por una sola fruta.
¿Exageración? No exactamente. Videos virales han mostrado vendedores ofreciendo anonas a $20, mientras usuarios indignados aseguran haber visto precios aún más altos. Como suele pasar en El Salvador, el humor popular no se hizo esperar: ya circulan memes que comparan la compra de una anona con adquirir un teléfono nuevo, un pasaje aéreo o incluso pagar una cuota universitaria.
Pero, ¿qué es exactamente una anona? Se trata de un fruto de la familia de las anonáceas, pariente de la guanábana y la chirimoya, con una cáscara verdosa y rugosa y un interior blando y muy dulce. Se consume en todo Centroamérica, aunque el grado de popularidad varía. En El Salvador es especialmente apreciada entre agosto y septiembre, cuando alcanza su temporada alta.
Sin embargo, no todo el país comparte los precios de colección que circulan en redes. Vendedores del mercado Central de San Salvador explican que allí las anonas se venden entre $4 las pequeñas y hasta $8 las grandes. “Eso de pagar $20 es solo para la gente con mucha plata o para los que mandan de Estados Unidos”, comentó entre risas una vendedora, haciendo referencia a la diáspora salvadoreña.
La razón del alza, según productores y comerciantes, tiene que ver con la escasez fuera de temporada. Julio no es el mejor mes para encontrar anonas maduras, y la oferta es limitada. Durante la cosecha, los precios bajan significativamente: incluso se pueden comprar tres anonas por $1 en algunos mercados locales.
A propósito de esta fiebre por la anona, la Alcaldía de San Salvador Sur anunció el Festival de la Anona para agosto de 2025, con el objetivo de promover el consumo del fruto y, de paso, regular el mercado de precios. “Queremos que todos puedan disfrutar de la anona sin tener que empeñar el carro”, bromeó un funcionario durante la presentación del evento.
Mientras tanto, en redes sociales continúa la polémica. Algunos usuarios preguntan si vale la pena pagar tanto por un antojo tropical, mientras otros ya proponen guardar anonas en el banco como inversión a largo plazo. La frase más repetida estos días resume el espíritu del debate: “En El Salvador, la verdadera inflación no se mide en gasolina ni en tortillas, se mide en anonas”.