Arévalo justifica cierre de Campo Xan petrolero en Guatemala por daño ambiental y baja productividad

El mandatario Bernardo Arévalo justificó el cierre del Campo Xan en Petén, destacando el daño ambiental y la poca productividad de los pozos petroleros que representaban el 90 % de la producción de crudo en Guatemala.

El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo (sombrero) junto a algunos de sus funcionarios en el clausurado Campo Xan, de petróleo, en Petén.

El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, justificó el cierre del Campo Xan de petróleo en San Andrés, Petén, tras más de 40 años de operación. Según explicó, los pozos dejaron de ser productivos y generaban un impacto ambiental insostenible.

“Para obtener un barril de petróleo era necesario inyectar y extraer 120 barriles de agua dulce contaminada. Esa práctica dañaba gravemente el ambiente”, señaló Arévalo al presentar una gráfica de la producción decreciente.

Cierre de contrato con Perenco

El gobierno dio por terminado el contrato con Perenco, empresa que operaba el campo desde 2001 tras suceder a Basic Resources. El mandatario aclaró que el Estado mantiene control en la zona y que no existen invasiones ni instalaciones fuera de control.

El cierre forma parte de un plan gubernamental para transformar el área en un símbolo de desarrollo sostenible, según una publicación oficial de Arévalo.

Importancia del Campo Xan en la producción nacional

El Campo Xan aportaba cerca del 90 % de la producción petrolera de Guatemala, usada principalmente en la fabricación de asfalto. Por ello, la decisión generó críticas sobre el impacto económico y cuestionamientos por la declaratoria de emergencia que habilitó la contratación inmediata de servicios para el cierre y desmantelamiento.

Justificación ambiental y económica

Arévalo insistió en que la medida responde a dos factores: la baja rentabilidad y el elevado costo ambiental. “Este campo ya estaba más allá de la rentabilidad, pero sobre todo hacía daño al medio ambiente”, afirmó.

La decisión marca un cambio en la política energética del país y abre el debate sobre el futuro de la industria petrolera en Guatemala, que ahora enfrenta el reto de buscar alternativas sostenibles.

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