El cocanciller de la dictadura nicaragüense, Valdrack Jaentschke, subió este sábado 26 de septiembre a la tribuna de la 81 Asamblea General de Naciones Unidas con un vocabulario ajeno a la realidad de su país: armonía, paz, dignidad, libertad y fraternidad.
Esas palabras difieren con el propio expediente del enviado de la dictadura. El Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua, creado por la misma ONU, lo identificó como pieza clave de la represión transnacional contra opositores en el exilio.
Jaentschke no atacó a Estados Unidos, que impulsa la reunión de cancilleres del hemisferio convocada para el 2 de octubre en la OEA, y reservó su retórica para los aliados del régimen.
Expresó su «firme y contundente solidaridad» con Cuba, respaldó la política de «una sola China» y apoyó «la lucha contra el fascismo y el derecho a la paz» de Rusia, cuyo presidente Vladimir Putin ordenó invadir Ucrania en 2022.
Nicaragua es el único país latinoamericano que ha apoyado abiertamente la invasión y la guerra de Rusia contra Ucrania.
También elogió a los BRICS como bloque de los países «más solidarios del mundo» y cerró con un abrazo a las delegaciones «en el más noble de los espíritus».

Un espía en disfraz diplomático
Según el Grupo de Expertos, entre 2021 y 2023, mientras ocupaba cargos diplomáticos, Jaentschke integró un grupo de alto nivel que coordinó operaciones contra nicaragüenses exiliados en distintos países.
Esas estructuras diplomáticas y consulares habrían rastreado, vigilado e intimidado a quienes huyeron de la persecución. La experta Ariela Peralta lo describió como una política orientada a eliminar la disidencia más allá de las fronteras.
Su trayectoria antecede al régimen actual. En los ochenta trabajó en la Dirección General de la Seguridad del Estado y ejerció tareas de inteligencia desde la embajada en Honduras, donde recopilaba información sobre la Contra.
Desde septiembre de 2024 es cocanciller, tras acumular más de diez designaciones diplomáticas al servicio de la dictadura.
Para Salvador Marenco, del Colectivo Nicaragua Nunca Más, su presencia en la ONU abre una oportunidad para avanzar en las investigaciones sobre su papel en la represión a exiliados.
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El continente cierra filas
El discurso llega en un momento de aislamiento creciente. La reunión de cancilleres de la OEA, iniciativa de Washington, suma el respaldo de Paraguay, Argentina, Chile, Canadá y Perú.
Natasha Franceschi, nominada como embajadora estadounidense en Managua, prometió ante el Senado mantener la presión diplomática. El Departamento de Estado ya denunció el poder ilegítimo de la «copresidenta» Rosario Murillo.
Managua, sin embargo, no cede. El sancionado presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, dio por consumadas las reformas y pidió a los partidos colaboracionistas prepararse para las «elecciones» de 2028.
La reforma constitucional excluye de esos comicios a quienes el oficialismo tacha de «traidores a la patria» o «golpistas», etiquetas con las que agrupa a buena parte de la oposición desterrada.
Antes de viajar a Nueva York, Jaentschke se reunió con Serguéi Lavrov, quien reiteró el «apoyo inquebrantable» de Moscú a la «soberanía» nicaragüense, un concepto que el régimen ha convertido en coartada para reprimir.







