El SICA aisla más a Ortega de la comunidad internacional

Por Ariel Montoya, escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional.      

La sede del SICA en El Salvador.

El aislamiento de la dictadura de Daniel Ortega frente a la comunidad internacional es cada día más evidente. Esta vez, el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), el foro institucional más importante de la región, ha debilitado aún más su ya deteriorada estructura de poder al aprobar reformas al protocolo de votación para destrabar la elección del Secretario General sin la participación de Nicaragua.

Durante años, la dictadura de Ortega convirtió al SICA en una fuente de recursos y maniobras políticas a favor de su régimen, a la vista de toda la región. El exsecretario general Dante Mossi favoreció abiertamente al gobierno nicaragüense con millonarios préstamos destinados supuestamente al desarrollo de infraestructura. Sin embargo, documentos desclasificados y reportes periodísticos señalan que parte de esos fondos habrían sido utilizados para la compra de armas y vehículos empleados en la represión desde 2018.

La influencia del régimen también se extendió a otras instituciones regionales como el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) y la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ), ambas cuestionadas por su escasa efectividad y por servir como plataformas para fortalecer la presencia del castrochavismo en la región.

No obstante, en los últimos años este control ha comenzado a desmoronarse. En el PARLACEN, el cambio de gobierno en Honduras tras las elecciones de 2025 —con la llegada de Nasry Asfura del Partido Nacional— modificó la correlación de fuerzas, inclinando la balanza hacia una mayoría de diputados de derecha. Además, Honduras se retiró de la CCJ, una institución considerada ineficiente y costosa para la región. Por ahora esta Corte solo la integran Nicaragua y El Salvador, volviéndola aún más inefectiva y con una desproporción que no le da representatividad centroamericana.

La reciente presión del régimen sandinista para reformar los mecanismos institucionales del SICA no respondía a un interés genuino de integración, sino a un intento de subordinar a Centroamérica a los intereses geopolíticos de actores extrarregionales como Rusia, China e Irán. Estas maniobras buscaban abrir espacios de influencia política y militar ajenos a la realidad histórica centroamericana, como ocurre con los intentos de China de controlar puertos estratégicos en Panamá y Guatemala, así como con la la favorecido extracción de oro en Nicaragua y entrega de tierras cargadas de este precioso mineral sin beneficios exclusivos para los nicaragüenses.

Durante años, el orteguismo intentó imponer su resentimiento ideológico contra Estados Unidos como si fuera la postura oficial del istmo. Bajo un discurso antiimperialista obsoleto, la dictadura ha intentado facilitar la entrada de potencias totalitarias que buscan establecer enclaves estratégicos en el hemisferio occidental. Esto representa una amenaza directa a la seguridad democrática de la región y una provocación a la administración del presidente Donald Trump y a la política hemisférica de seguridad nacional “Escudo de las Américas”.

Ante este panorama, los países miembros del SICA han cerrado filas para defender la institucionalidad del organismo. El rechazo colectivo a las pretensiones de Ortega demuestra que Centroamérica no está dispuesta a sacrificar su estabilidad ni sus alianzas históricas por los intereses de un gobierno aislado y repudiado por su propio pueblo. La firmeza del SICA evidencia que el multilateralismo regional prioriza la defensa de los principios democráticos frente a cualquier intento de sometimiento externo.

El camino a seguir es claro: el SICA debe fortalecer su institucionalidad de manera integral. Esto implica blindar sus normas internas para evitar que las presidencias pro tempore o las secretarías generales vuelvan a ser utilizadas como instrumentos de propaganda autoritaria. La reforma institucional no debe servir para complacer a una dictadura, sino para proteger al organismo de ellas.

El futuro de la integración centroamericana exige profundizar el diálogo regional basado en los valores de paz, libertad y democracia, principios que el sandinismo ha destruido dentro de Nicaragua.

 

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