Tres horas y cero acuerdos, aplastante fracaso de Lula en Washington

Por Arturo McFields, exembajador de Nicaragua ante la OEA y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK).

Lula da Silva, presidente de Brasil.

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva regresa al Palacio de Planalto con las manos vacías y una foto extraordinaria. La visita intentó vender la imagen de un gran estadista en la antesala electoral que pone a prueba la resiliencia del izquierdista.

Durante los últimos meses, Lula ha insultado y criticado al presidente Trump. También negó la visa a un funcionario estadounidense y hasta expulsó a un agregado de seguridad. El resultado de esto fue una reunión estéril y fría.

Al igual que Gustavo Petro, Lula no quiso dar conferencia de prensa junto a Trump. Sobre el colombiano Trump dijo “nos llevamos muy bien” “la reunión fue estupenda”. Sobre Lula “fue una buena reunión”. Nada más.

Lula llegó con una robusta delegación de ministros y altos cargos de seguridad y comercio. De nada sirvió. Al final de la foto no obtuvo un acuerdo, un memorándum de entendimiento, una nota conjunta. Nada.

Sobre la lucha antidrogas, Lula no pudo lograr acuerdos con Estados Unidos porque no cree en el combate frontal sino en políticas sociales y la mano blanda. Una política fracasada que promueve la impunidad, crimen y miseria.

Estados Unidos y Brasil son las economías más grandes de las Américas. Se necesitan mutuamente. Lula recordó que todo el siglo pasado Estados Unidos fue su principal socio comercial hasta que China lo suplantó. Valoró que la relación todavía tiene espacio para robustecerse.

Lula el abogado del diablo. El presidente de Brasil volvió a interceder por Cuba, la dictadura de 67 años y cero elecciones libres. Aseguró que el presidente Trump no quiere invadir la isla sino dialogar.

A Lula no le importa Brasil, sino su agenda personal política. Ningún presidente serio llega a una reunión bilateral a interceder por una dictadura, pedir que se levanten sanciones y que el régimen no sea removido. Un acto deplorable.

Lula tuvo miedo. Huyó de la Casa Blanca y se refugió en la embajada de Brasil. Allí el controlaba la narrativa, las luces, la pantalla gigante, la puesta en escena y lo más importante no estaba el presidente de Estados Unidos.

Lula esta claro del poder del presidente Trump y su influencia política. Sabe que ante el empate técnico que mantiene en las encuestas con Bolsonaro, su apoyo podría darle una victoria total a su principal adversario en los comicios de octubre.

Aunque Lula no tuvo resultados concretos de su visita a Washington, reunirse tres horas con el presidente de la nación más poderosa del mundo no es poca cosa. El problema es que Lula es un fanático político torpe y no un estadista pragmático.

Trump ya no dijo que hubo química ni tampoco que le caía muy bien Lula. No. Hubo un tono muy moderado en sus comentarios y es lógico porque el presidente de Brasil es enemigo del dólar, la democracia y la libertad de prensa.

Las tierras raras y el enorme peso comercial de Brasil seguirán abriendo oportunidades entre las dos economías más grandes de la región. Sin embargo, se requieren propuestas claras, voluntad política, pragmatismo y todas esas cualidades de jefe de estado que Lula nunca tuvo ni tendrá.

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