El “ciclón Trump”

Por Ariel Montoya, escritor y periodista nicaragüense.

El presidente estadounidense Donald Trump,

Lo que está ocurriendo en el hemisferio occidental es un hecho geopolítico nunca visto. No querer verlo así, u obstinarse en contrariar esta nueva agenda, es simplemente navegar contra la corriente, como el salmón; pero mientras este deleitable pez conoce los recovecos por donde dirigir y escamotear sus aletas ante la turbulencia de las aguas, la oposición a este “escudo” ideológico, político y continental en marcha corre el riesgo de naufragar y precipitarse hacia los barrancos más profundos. En la realidad contemporánea, el “ciclón Trump” está marcando el paso de cara a una ofensiva sin precedentes contra el comunismo en toda América.

El presidencialismo estadounidense ha dado de todo: desde grandes estadistas y visionarios políticos y humanistas como Abraham Lincoln, hasta figuras de galantería y glamour diplomático como John F. Kennedy, pasando por liderazgos disruptivos como el de Donald Trump.

En ella combina por un lado el resguardo de la seguridad nacional ante los embates bélicos del terrorismo global, y por otro, la proyección de una integración con América Latina más acorde a los tiempos modernos que a las desgastadas pasarelas del unionismo latino fragmentado.

En efecto, en la historia contemporánea de Estados Unidos, ningún presidente había llevado tan lejos una política de confrontación directa, sistemática y abierta contra el comunismo en el hemisferio occidental como Donald Trump.

No se puede comprender la magnitud de esta apuesta sin observar el tablero histórico, donde durante el siglo XX y lo que va del XXI han coexistido dos grandes influencias ideológicas: por un lado, el modelo capitalista liderado por Estados Unidos; por el otro, el modelo comunista impulsado por la Unión Soviética y proyectado en la región a través de Cuba, sus guerrillas y sus mecanismos propagandísticos y perversos.

Mientras la Unión Soviética colapsó en los estertores de la Guerra Fría —siendo el mundo testigo de su fracaso estructural—, el marxismo-leninismo demostró su incapacidad para generar crecimiento económico sostenible y garantizar libertades individuales. Estados Unidos, por su parte, aún con avances y retrocesos, continuó su marcha apoyado en la innovación, el crecimiento económico y su capacidad de atracción global.

De esas herencias contrapuestas es fácil identificar dos dinámicas. Por un lado, una Cuba en estado terminal, sin combustible, sin agua y sin revoluciones que exportar, pero que ha heredado su modelo fallido a países como Nicaragua y Venezuela, caracterizados por economías colapsadas, migraciones masivas y sociedades reprimidas.

Por otro lado, existen capitalismos en desarrollo como los de Chile, Costa Rica o la Argentina de Javier Milei e incluso regímenes híbridos como México o Brasil, donde conviven políticas económicas de mercado con discursos y prácticas de corte socialista.

Es en este contexto donde emerge el llamado “ciclón Trump”. A diferencia de administraciones anteriores, que optaron por gestionar o contener estas dinámicas, Trump plantea un enfoque distinto: el desmantelamiento del eje autoritario del hemisferio. Su política no es de coexistencia, sino de confrontación directa, no buscando administrar el problema sino forzándolo a desaparecer.

Este “ciclón”, evidentemente incomoda, altera y enciende las alarmas de las izquierdas, que históricamente guardaron silencio ante la expansión del castrismo a través de guerrillas, redes de espionaje y ofensivas ideológicas contra el capitalismo. De igual forma, hoy muchas de esas corrientes callan frente a las estrategias de influencia global de potencias como Irán, Rusia y, especialmente, China, cuya presencia en América Latina se ha traducido en endeudamientos agresivos y en una creciente dependencia económica de varios países de la región.

Así las cosas, la ecuación es clara: de las dos grandes vertientes ideológicas que han marcado la historia del continente, la comunista ha sido erosionada por sus propios fracasos y planteamientos líricos, mientras que la capitalista —con todas sus imperfecciones— continúa presentándose como una vía viable para el desarrollo, la estabilidad y la libertad.

El “ciclón Trump” se inserta en ese escenario como un acelerador de procesos, empujando una redefinición del equilibrio ideológico en el hemisferio. Sus efectos, aún en desarrollo, apuntan a una confrontación abierta que podría marcar un antes y un después en la configuración política de América.

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