“Odiseo” de Nolan ha despertado el interés mundial. Como es natural, la belleza de las imágenes, llaman la atención. Interesa más el “Caballo de Troya” que las peripecias del regreso a Itaca. Porque, en la simpleza humana, no faltan los que crean que lo que provoco que Troya perdiera la guerra fue haber aceptado el caballo regalado. Otros más acuciosos, dicen que fue la curiosidad: averiguar que había adentro del caballo. Jorge Sepúlveda Haugen (Chile frente al caballo de Troya), dice que “los troyanos no perdieron por débiles. Perdieron por agradecidos; el caballo era un regalo y los regalos no se inspeccionan”. Tucídides más contemporáneo de los hechos, dijo que Troya perdió porque se alteraron sus nervios y atacó, cuando debió esperar. Lo que no está alejado con la curiosidad y por el afán infantil por inspeccionar lo que está en la caja.
Esto no es crónica de cine. Tiene que ver con la discusión sobre las relaciones con China. Sepúlveda Haugen refiere que “Chile lleva veinte años recibiendo lo suyo; y hay que decirlo sin caricatura: ha sido un buen negocio. China compra nuestro cobre, nuestra fruta, nuestras cerezas; vende barato lo que aquí es caro; el auto chino, el televisor, la ropa del “mall” de la esquina mejoraron la vida cotidiana de millones de familias chilenas. Negarlo sería mentir. Este no es un llamado a cerrar puertas ni a jugar al Perro del Hortelano, que “no come ni deja comer”.
En nuestro caso China nos compra poco. Honduras tiene poco que ofrecer: camarón, –ellos lo venden a un precio menor —; el banano no puede competir con el de Taiwán o Filipinas. En cambio China tiene de todo, a precios muy baratos. Dejemos para después el tema de la calidad. Porque lo que impresiona al comprador hondureño es el precio. Nuestros compradores no exigen calidad. Les basta pagar menos.
“En Chile”, nos sigue contando el autor citado “hay más de 450 “mal” chinos operando en las 16 regiones del país, creciendo a un ritmo que ningún comercio local puede seguir. Y con este rasgo que cualquier vecino ha notado: los locales no echan raíces. Los administradores rotan, las sociedades mutan, nadie se integro al club deportivo, a la Junta de Vecinos, a la vida del barrio. No es comercio de inmigrantes que llegan a quedarse, como fue el caso del almacén palestino; o la tienda croata en Magallanes. Es una red que factura aquí y pertenece allí.… El capital chino controla la distribución eléctrica que alumbra la mitad de los hogares del país. Esta en el litio, en los puertos que se proyectan, en la “salmonicultura”, en el cable submarino. Sector por sector, la infraestructura critica, lo que el país necesita para decidir su propio destino, va quedando en manos de un estado extranjero que no decide ni distingue entre empresa y gobierno, porque su ley obliga a sus empresas a servirlo”. Y aquí, estamos listos para entenderlos aceptarlo: los hondureños tenemos idealizado al sector público, al Estado, de modo que cuando los chinos operan bajo las órdenes del suyo, a muchos les parece natural y aceptable.
Vemos el escenario político. Aquí estamos ocupados en JOH, los Cachiros y los Ardon. Tiene sentido. Pero llegará un momento en que los “Cachiros” no serán de Lérida; ni los “Ardón” de Copan. Serán chinos. En Chile, “hay una Senadora investigada por gestiones registradas en favor de un empresario chino del barrio Meiggs. Hay aportes ofrecidos a una senadora por un empresario ligado a un ciudadano chino investigado por secuestro y casinos. Hay funcionarios de la Embajada China, operando como lobistas de empresas estatales chinas ante municipios y ministerios. Novecientas diez audiencias de lobby chino ante el estado en una década. Y este mismo mes, la Casa Blanca puso a Chile en el mapa oficial del trasbordo de mercancía china, como corredor entre el Pacifico y el Atlántico”
“Cada pieza”, sigue diciendo Sepúlveda, “por separado tiene explicación inocente. Juntas dibujan otra cosa: un país que vende alto, compra barato y sin firmar ningún tratado de rendición, va perdiendo la capacidad de decidir sobre su electricidad, sus datos, sus mares y sus leyes. Eso tiene un nombre antiguo: colonia. Las colonias modernas no se ocupan con soldados; se compran con descuentos. La pregunta no es si comerciamos con China. Es quien pone las reglas dentro de Chile. Los troyanos durmieron tranquilos esa noche. El caballo ya está adentro; lo único todavía podemos elegir es si seguimos durmiendo”.
Muy claro el dilema chileno. ¿Estamos durmiendo los hondureños?







