Donald Trump sostuvo que la permanencia de Estados Unidos estaría condicionada a la evolución política de Venezuela y a la falta de cambios que, según él, garanticen estabilidad y democracia. El exmandatario dejó claro que no ve una salida rápida del involucramiento estadounidense.
En una entrevista en The New York Times, Trump señaló que Washington mantiene herramientas clave de presión, especialmente vinculadas al sector petrolero, lo que permitiría a Estados Unidos influir en el rumbo del país sudamericano a largo plazo.
El presidente también afirmó que cualquier flexibilización de la postura estadounidense dependería de transformaciones “reales” en el sistema político venezolano, sin precisar qué actores o condiciones deberían cumplir ese escenario.
Las declaraciones se producen en un contexto en el que Venezuela busca alivio económico y mayor margen de maniobra internacional, mientras Estados Unidos evalúa su estrategia frente a Caracas en medio de intereses energéticos y de seguridad regional.

Para Centroamérica, el tema no es ajeno. La crisis venezolana ha impactado directamente en la región a través de la migración, la presión sobre los sistemas sociales y los cambios en la dinámica política hemisférica.
Analistas citados por el medio estadounidense advierten que una supervisión prolongada podría profundizar la confrontación diplomática, pero también consolidar a Estados Unidos como actor central en cualquier negociación futura.
El enfoque de Trump contrasta con intentos previos de diálogo impulsados por otros gobiernos estadounidenses, y vuelve a instalar una política de presión sostenida como eje de la relación bilateral.
Las declaraciones anticipan que, de cara a un nuevo escenario político en Estados Unidos, Venezuela seguirá siendo un punto sensible en la agenda regional, con posibles efectos directos en América Latina y Centroamérica.






