Belice, Haití, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas son los cinco países del Caribe que mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, una posición que, según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), puede servir como contrapeso a la creciente influencia de China sobre infraestructura crítica y redes estratégicas de la región.
El análisis, elaborado por Juliana Rubio y Kaela Werchniak, advierte que la presencia china se extiende sobre áreas como logística marítima, corredores de transporte y redes digitales. Frente a ese escenario, las autoras consideran que Taiwán y otros socios internacionales pueden ofrecer alternativas de financiamiento, asistencia técnica y cooperación para responder también a desafíos económicos, migratorios y climáticos.
“El valor de Taiwán reside en la cooperación técnica específica, la formación y los proyectos prácticos en áreas como la agricultura, la salud, las tecnologías de la información y la comunicación, el desarrollo de la fuerza laboral, la preparación ante desastres y el fortalecimiento de la capacidad del sector público”, sostiene el análisis.
La vulnerabilidad ante el cambio climático aparece como uno de los principales desafíos. El estudio señala que este fenómeno ocasiona $14,000 millones en pérdidas anuales en el Caribe, equivalentes a 17 % del producto interno bruto anual, mientras siete de cada 10 habitantes de la región viven en zonas costeras. A esto se suma una perspectiva de crecimiento económico de apenas 1.7 % para el Caribe, excluyendo Guyana, durante 2026.
Taiwán ya desarrolla proyectos en sus aliados caribeños relacionados con infraestructura, agricultura, salud y transformación digital. Entre ellos figura una planta desalinizadora en San Cristóbal y Nieves, sistemas de riego de precisión en Santa Lucía, técnicas agrícolas resilientes al clima en Haití y proyectos de alerta temprana y monitoreo de inundaciones en Belice.

El análisis sostiene que Taiwán no necesita competir con los grandes cooperantes por el volumen de recursos invertidos, sino concentrarse en asistencia técnica y proyectos específicos donde pueda generar mayor impacto. Entre las áreas señaladas están la agricultura inteligente frente al clima, sistemas de riego, almacenamiento y transporte de alimentos, transformación digital de servicios públicos y capacitación de trabajadores.
En materia laboral, el documento destaca la cooperación entre el Fondo de Cooperación y Desarrollo Internacional de Taiwán (TaiwanICDF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Belice, mediante programas dirigidos a sectores con alta demanda de trabajadores, capacitación vinculada con las necesidades empresariales y servicios para conectar a personas que buscan empleo con oportunidades disponibles.
La adaptación climática constituye otro espacio de cooperación estratégica. El análisis señala que Taiwán puede aprovechar su experiencia como economía insular para contribuir con sistemas de alerta temprana, modelos predictivos de sequías e inundaciones y preparación comunitaria ante desastres. Estos esfuerzos ya incluyen proyectos sobre prevención de inundaciones en Belice, seguridad hídrica en San Cristóbal y Nieves y respuesta ante emergencias en San Vicente y las Granadinas.
Para las autoras, una mayor coordinación entre Taiwán, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, la Unión Europea y organismos multilaterales permitiría ampliar el impacto de estas iniciativas. El CSIS plantea que la cooperación taiwanesa puede convertirse tanto en una herramienta de desarrollo para el Caribe como en una asociación estratégica destinada a fortalecer a sus aliados diplomáticos y limitar el avance de la influencia china en la región.







