Los mercados mundiales del petróleo han reaccionado rápidamente al aumento de las tensiones en Oriente Medio, mientras Estados Unidos e Israel continúan su ofensiva contra Irán.
Tras la interrupción del tráfico de petroleros a través de un punto clave, el estrecho de Ormuz, el precio de referencia del petróleo, el crudo Brent, subió alrededor de un 6 % hasta superar los 77 dólares por barril. Inicialmente alcanzó un máximo de 82 dólares, su nivel más alto desde enero de 2025.
Una subida de aproximadamente 10 dólares en cuestión de días es un movimiento significativo y supone un golpe inflacionista inmediato para las economías importadoras de petróleo.
¿Qué significa esto para los hogares, las empresas y los bancos centrales?
Por qué el petróleo sigue siendo importante
Puede que el petróleo ya no domine la economía mundial como lo hacía en la década de 1970, pero sigue estando muy presente en la producción moderna.
Influye directamente en los precios de la gasolina, el diésel, el combustible de aviación y el transporte marítimo, y determina el coste del transporte y la producción de todo, desde alimentos hasta productos manufacturados. Cuando los precios del petróleo suben rápidamente, los efectos se extienden más allá de los mercados energéticos.
Los economistas lo denominan «choque negativo de la oferta»: el resultado es que la producción se encarece. Las empresas pueden absorber los mayores costes o repercutirlos en los consumidores. En la práctica, suelen hacer ambas cosas.
El resultado es una incómoda combinación de mayor inflación y menor crecimiento económico.
El impacto de la inflación pesará sobre los bancos centrales
El efecto más inmediato se produce en las gasolineras. El aumento de los precios del crudo eleva los costes del combustible y empuja al alza la inflación general. Para los hogares que ya se enfrentan a presiones por el coste de la vida, esto se nota rápidamente.
Por ejemplo, cuando el precio del petróleo sube 10 dólares por barril, la regla general es que el precio de la gasolina para los conductores estadounidenses podría aumentar unos 25 centavos por galón (0,21 euros por unos 3,8 litros de gasolina). En otros lugares, como Australia, se estima que el aumento sería de unos 10 centavos por litro más por cada aumento de 10 dólares estadounidenses (0,08 cts. de euro por litro).
Los costes de transporte y logística también aumentan, y, con el tiempo, algunos de esos costes más elevados se filtran en el nivel general de precios.
El aumento de la inflación depende de la duración de la perturbación de los mercados petroleros. Un breve repunte podría añadir solo unas décimas de punto porcentual a la inflación. Un aumento sostenido sería más problemático.
Los bancos centrales están muy atentos. La inflación en Estados Unidos y Europa ha bajado desde los máximos alcanzados tras la pandemia.
Una crisis del petróleo podría debilitar el crecimiento mundial
El aumento de los costes del combustible corre el riesgo de dar un nuevo impulso a la inflación, justo en el momento menos oportuno, cuando los responsables políticos de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Banco Central Europeo esperaban que se estuviera controlando.
En uno de los primeros comentarios de un banco central sobre el impacto económico del conflicto, desde el Banco de la Reserva de Australia se advierte de que la crisis de suministro podría aumentar las presiones inflacionistas.
La inflación impulsada por el petróleo supone un reto especial para los bancos centrales. Subir los tipos de interés no puede afectar al suministro de petróleo. A diferencia de la inflación impulsada por la demanda, en la que el fuerte gasto de los consumidores puede enfriarse con tipos de interés más altos, la inflación impulsada por la oferta refleja unos costes de producción más elevados.
Si los bancos centrales suben los tipos para contener los precios, corren el riesgo de ralentizar aún más el crecimiento. Pero las subidas de los tipos de interés no pueden bajar directamente los precios del petróleo.
Presión sobre los presupuestos familiares
El aumento de los precios del petróleo también ejerce presión sobre los presupuestos familiares.
Cuando las familias gastan más en combustible, tienen menos para gastar en otras cosas. Dado que el consumo de los hogares suele representar alrededor del 60 % de las economías en las economías avanzadas, incluso los cambios modestos en el gasto pueden ser importantes.
Las empresas se enfrentan a una presión similar. El aumento de los costes de la energía y el transporte reduce los márgenes de beneficio y puede retrasar la contratación o la inversión.
Los efectos varían según el país. Europa es un importante importador neto de energía. Esto hace la expone al aumento de los precios mundiales del petróleo. En cambio, en EE. UU., exportador energético a nivel global, los precios más altos favorecen a su sector energético, pero siguen aumentando los costes para la mayoría de los hogares.
El actual aumento del precio del petróleo no es suficiente para provocar una recesión mundial. Sin embargo, supone un obstáculo más en un momento en que el crecimiento mundial se modera.
¿Cómo se compara esto con 2022?
La comparación obvia es la subida del precio del petróleo tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022.
Entonces, los precios del crudo subieron brevemente por encima de los 120 dólares estadounidenses por barril, lo que intensificó la ya elevada inflación. En respuesta, la Reserva Federal de los Estados Unidos subió rápidamente los tipos de interés para frenar la inflación.
La situación actual es menos extrema. Los precios están muy por debajo de esos máximos, la demanda mundial es más débil y los tipos de interés en los Estados Unidos, Europa y Australia son varios puntos porcentuales más altos que a principios de 2022. La inflación ha tendido a bajar en la mayoría de las principales economías.
Aun así, es posible que los hogares sean ahora más sensibles. Tras años de subida de precios y tipos de interés más altos, la confianza de los consumidores es frágil. Incluso aumentos moderados de los precios de la gasolina pueden influir en el gasto.
La pregunta clave es si se trata de algo temporal o del comienzo de una subida sostenida.
¿Qué pasaría si los precios siguieran subiendo?
Si los precios del petróleo siguieran subiendo, especialmente hacia los 100 dólares por barril, los riesgos aumentarían.
La inflación se vería impulsada al alza. Los bancos centrales podrían enfrentarse a una elección incómoda: tolerar una mayor inflación impulsada por la energía o mantener los tipos de interés más altos durante más tiempo.
Los mercados financieros se ajustarían rápidamente y la volatilidad podría aumentar.
El escenario más grave implicaría interrupciones en el suministro que limitarían la producción mundial, lo que aumentaría el riesgo de un crecimiento más lento combinado con una inflación persistente.
Una conmoción, pero aún no una crisis
Por ahora, el aumento del 6 % en los precios del petróleo representa un claro impulso inflacionista y un moderado lastre para el crecimiento. Complica las perspectivas, pero no se asemeja a las crisis energéticas del pasado.
Lo más importante es la persistencia. Si los precios se estabilizan, el impacto debería ser manejable. Si siguen subiendo, el petróleo podría volver a convertirse en un motor central de la inflación mundial y en un nuevo reto para los bancos centrales.![]()
Stella Huangfu, Associate Professor, School of Economics, University of Sydney
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.








