El gobierno de Claudia Sheinbaum asestó el pasado domingo el golpe más severo al crimen organizado en más de una década: la detención y muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Pese a la ola de violencia desatada posteriormente por los seguidores de El Mencho, el Gobierno de México se ha apuntado varios tantos. Por un lado, aleja el temor de una acción unilateral de Estados Unidos en su territorio y consolida una colaboración basada en el apoyo estratégico y de inteligencia por parte del vecino del norte. Por otro, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha ganado una importante batalla en la lucha por la narrativa.
Objetivo principal de EE.UU.
El cartel Jalisco Nueva Generación era, por mucho, la organización criminal más poderosa de México, con presencia en al menos 17 de las 32 entidades federativas del país. La cartera de negocios del CJNG abarca desde el secuestro hasta el cobro de piso (extorsión a propietarios y negocios) y, por supuesto, el trasiego de narcóticos a nivel internacional. Dentro de este último rubro, adquiere particular importancia el papel que tenía el mercado estadounidense.

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El CJNG ha sido un importante exportador a Estados Unidos de fentanilo. En diciembre pasado, el presidente Donald Trump calificó a esta sustancia como “arma de destrucción masiva”. No sorprende que su administración haya declarado al CJNG como un objetivo principal. Hasta ofreció una recompensa de 15 millones de dólares por información que llevara a la captura de su jefe, El Mencho.
La presión estadounidense sobre el gobierno de Sheinbaum –quien, a decir del presidente Trump, estaba “muy asustada” de los cárteles– se había venido intensificando en las últimas semanas.
La cooperación mexicana en operaciones contra el crimen organizado con agencias estadounidenses como la CIA, el ejército, la DEA, y el FBI se lleva a cabo desde hace años, aunque sufrió una ralentización durante la presidencia del antecesor y mentor de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador.
Captura de Ryan James Wedding
Tan solo hace unas semanas, en el contexto de la visita a la Ciudad de México del director del FBI, Kash Patel, personal de la agencia estadounidense participó, junto con elementos de seguridad mexicanos, en la captura de Ryan James Wedding. Wedding, un excampeón olímpico de snowboard, se había convertido en un importante traficante de cocaína y figuraba en la lista de los 10 más buscados por el FBI. Los efectivos estadounidenses implicados en el operativo pertenecían a la misma unidad de rescate de rehenes que llevó a cabo el secuestro del expresidente venezolano Nicolás Maduro a inicios de este año.
El motivo de la visita de Patel no fue solamente la captura de Wedding, sino también insistir en la necesidad de actuar de manera conjunta contra El Mencho. De hecho, desde principios de enero, aviones estadounidenses sobrevolaban de forma intensa la zona donde ocurrió la captura del líder mafioso.
EE. UU. “trabajó” en la captura de El Mencho
Llegamos así a la operación contra el líder del CJNG el 22 de febrero. En un operativo llevado a cabo por las fuerzas armadas mexicanas en el municipio de Tapalpa, al sur del estado de Jalisco, El Mencho presentó resistencia y fue capturado. Durante su traslado para recibir atención médica, falleció a causa de las heridas sufridas en el combate.
De acuerdo con la presidenta Sheinbaum, “en este caso hubo información que prestó el Gobierno de Estados Unidos”. De manera más puntual, Ricardo Trevilla, secretario de la Defensa, declaró: “La ubicación en un primer término del área [donde estaba Oseguera] fue con personal de inteligencia militar; había otros datos que nos fueron proporcionando las autoridades de Estados Unidos, a quienes reconocemos su trabajo”.
De esta manera, la ubicación precisa provino de los estadounidenses. Según la agencia Reuters y el diario Washington Post, fue la recientemente creada Fuerza de Tarea Conjunta Interinstitucional Anti-Cártel (Joint Interagency Task Force-Counter Cartel) la qué entregó las coordenadas precisas del capo. De acuerdo con The New York Times, dicha información provino de la CIA.

Lucha por el control del cártel
Parece inevitable que el país sufra ahora un repunte de la violencia como fruto de las luchas intestinas que sin duda se desatarán entre los miembros del CJNG. También a causa de la tensión que provoquen otras organizaciones criminales que olfatean la debilidad del mayor cártel del país.
A reserva de todo ello, lo ocurrido en este importante golpe contra el crimen organizado demuestra que la cooperación con Washington es fundamental para cumplir la ardua tarea en la que está involucrado el Gobierno de la presidenta Sheinbaum.
Todavía más: para México es evidente que este tipo de acciones contundentes sirven como una especie de póliza en contra de las amenazas de acción unilateral proferidas en repetidas ocasiones por el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump.
Batalla contra la narcopolítica
La presidenta ha ganado una importante batalla en la lucha por la narrativa: ha demostrado que las instituciones mexicanas pueden someter al crimen organizado. Eso sí, como dice la canción, “con una pequeña ayuda de mis amigos”. Lo que sigue, sin duda, es ir contra el entramado político que hizo posible que el crimen organizado (CJNG, el cartel de Sinaloa, los Mayos, entre otros) se hayan constituido en la amenaza a la soberanía del país que hoy representan.
Esto implica actuar sobre algunos aliados de la coalición gobernante en México. Particularmente, están en el punto de mira algunos protegidos del padre del movimiento en el poder (Morena) y mentor de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador.
La mandataria debe seguir la tónica de cooperación con las autoridades del vecino del Norte, aun a sabiendas de que la palabra del actual mandatario estadounidense, como se ha comprobado en innumerables ocasiones y contextos, no constituye precisamente una garantía.![]()
Arturo Santa Cruz Díaz Santana, Profesor-Investigador especializado en América del Norte, regionalismos y teoría de las RRII, Universidad de Guadalajara
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.







