El modelo de seguridad del presidente salvadoreño Nayib Bukele gana terreno en la campaña electoral de la mayor economía de América Latina. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato a la Presidencia de Brasil, propone adoptar parte de la estrategia de mano dura que transformó la política de seguridad de El Salvador.
Su plan, denominado “Brasil sin miedo”, contempla la construcción de cinco nuevas prisiones federales de máxima seguridad y la creación de 500.000 plazas adicionales en el sistema penitenciario, una expansión con la que busca enfrentar al crimen organizado y reducir el poder de las grandes facciones criminales brasileñas.
La propuesta llega a un país que ya posee una de las mayores poblaciones penitenciarias del planeta. Brasil registraba alrededor de 909.000 personas encarceladas en 2024, mientras expertos advierten que trasladar directamente la experiencia salvadoreña a un territorio de dimensiones continentales podría tener resultados distintos.
Bolsonaro también propone reducir la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años y permitir que adolescentes desde los 14 años sean juzgados como adultos cuando cometan delitos graves. Varias de esas medidas necesitarían cambios constitucionales para poder entrar en vigor.

El paquete incluye además castración química para violadores, un sistema nacional de reconocimiento facial, un millón de nuevas cámaras de vigilancia y un mayor despliegue militar en fronteras y puertos estratégicos para combatir el narcotráfico.
La influencia de Bukele ya supera las fronteras centroamericanas y se ha convertido en bandera electoral para sectores de la derecha latinoamericana.
Políticos brasileños han viajado a El Salvador para conocer su sistema penitenciario y la estrategia que redujo drásticamente la violencia, aunque organizaciones de derechos humanos cuestionan las detenciones masivas y las restricciones de garantías aplicadas bajo el régimen de excepción.






