En Centroamérica, el empleo juvenil no solo es inestable, sino que en muchos casos se desarrolla fuera de los marcos formales. La falta de contratos y garantías laborales se ha convertido en una realidad extendida entre los jóvenes de la región.
Según el Índice de Empleabilidad Juvenil en Centroamérica, más de la mitad de los jóvenes trabaja bajo esquemas informales o temporales, incluyendo acuerdos verbales o sin ningún tipo de contrato.
El informe, elaborado por Kantar Mercaplan, se basa en 1,200 entrevistas realizadas a jóvenes de entre 18 y 30 años en Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
Este escenario limita el acceso a derechos laborales básicos, como estabilidad en el empleo, indemnización o cobertura ante despidos, consolidando una situación de vulnerabilidad para gran parte de la población joven.
Además, solo el 51% de los jóvenes está afiliado a un sistema de seguridad social, lo que implica que casi la mitad carece de protección ante enfermedades, accidentes o retiro.

La falta de formalidad también impacta en la estabilidad laboral. Para muchos jóvenes, el empleo no es una garantía a largo plazo, sino una condición temporal marcada por la incertidumbre.
Como consecuencia, el 76% de los jóvenes estaría dispuesto a cambiar de trabajo en busca de mejores condiciones, reflejando una alta rotación y una baja permanencia en los empleos actuales.
El estudio también identifica fallas en los procesos de contratación y en el acompañamiento dentro de las empresas, lo que dificulta la retención del talento joven.
Especialistas advierten que, sin reformas estructurales que promuevan la formalización, mejores condiciones laborales y mayor supervisión, Centroamérica podría consolidar un modelo de empleo juvenil basado en la precariedad.







