La decisión del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de eliminar todos los aranceles a las importaciones de China marca un giro económico con implicaciones comerciales y geopolíticas que podrían tensionar su histórica relación con Estados Unidos.
Para el economista nicaragüense Enrique Sáenz, la medida no responde a una lógica de desarrollo económico, sino a intereses políticos y, eventualmente, privados dentro del poder.
“Lo normal es que los países de mayor desarrollo hagan concesiones a los de menor desarrollo. Aquí ocurrió al revés”, afirmó, al cuestionar la decisión de otorgar ventajas unilaterales a China sin beneficios equivalentes para los exportadores nicaragüenses.
La política, oficializada mediante el Acuerdo Ministerial 005-2026, elimina el arancel a cerca de medio centenar de productos chinos.
Esos productos se suman a miles de bienes ya liberados tras la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Managua y Pekín.
La medida se adelantó a los plazos originales de desgravación acordados y entró en vigor el pasado 8 de mayo.
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Un giro que altera la competencia
Entre los productos beneficiados figuran bienes clave como maíz amarillo, refrigeradores, llantas, hornos industriales y filtros.
Muchos de estos artículos competían hasta ahora en igualdad de condiciones con importaciones provenientes de Estados Unidos e ingresaban con arancel cero bajo el DR-Cafta, pero tras periodos de desgravación de entre cinco y quince años.
El cambio de la dictadura, según Sáenz, rompe ese equilibrio.
“Es un desaire político a Estados Unidos y otros socios comerciales que perderán competitividad”, advirtió Sáenz en declaraciones a Centroamérica360.
A su juicio, la medida reducirá la capacidad de exportación de estos países hacia Nicaragua, al otorgar una ventaja inmediata a los productos chinos.
Desbalance con China
Los datos respaldan la relevancia de este giro. Estados Unidos ha sido históricamente el principal socio comercial de Nicaragua.
En 2024, el comercio bilateral superó los 12.000 millones de dólares, con exportaciones nicaragüenses hacia el mercado estadounidense que rondaron los 6.000 millones, impulsadas por el sector textil, agroindustrial y manufacturero.
China, en contraste, ha tenido una relación comercial más reciente y asimétrica con Nicaragua.
Aunque el volumen de intercambio ha crecido rápidamente tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2021 y la firma del TLC, Nicaragua mantiene un déficit significativo.
Las importaciones desde China superan ampliamente a las exportaciones hacia ese país, con cifras que en 2024 se estiman por encima de los 2.000 millones de dólares en compras frente a exportaciones marginales.
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Beneficios concentrados y riesgos estructurales
Sáenz sostiene que la medida podría estar vinculada a intereses económicos particulares de la familia dictatorial Ortega Murillo.
“Detrás de esta concesión hay negocios de por medio”, afirmó, sugiriendo que sectores cercanos al poder podrían beneficiarse de la importación masiva de bienes chinos.
El economista anticipa la proliferación de nuevas distribuidoras de electrodomésticos, vehículos, insumos agrícolas y otros productos importados desde China, lo que podría desplazar a proveedores tradicionales y reconfigurar el tejido comercial interno.
Sin embargo, este proceso plantea riesgos para la industria local.
La entrada de productos a menor costo podría intensificar la competencia para las pequeñas y medianas empresas nicaragüenses, que ya enfrentan limitaciones estructurales en acceso a financiamiento, tecnología y mercados.
Además, la eliminación anticipada de aranceles implica una renuncia a ingresos fiscales en un contexto donde el Estado depende en parte de los impuestos a la importación.
Aunque el gobierno no ha detallado el impacto fiscal de la medida, economistas advierten que podría presionar las finanzas públicas si no se compensa con mayor actividad económica.

Un modelo en debate
La eliminación de aranceles a productos chinos se produce en un contexto de transformación del modelo económico nicaragüense, donde el Estado ha incrementado su control sobre sectores estratégicos y ha promovido alianzas con actores externos no tradicionales.
Para críticos como Sáenz, este modelo prioriza intereses políticos sobre criterios económicos. “Anteponen los intereses políticos a los económicos”, señaló, al cuestionar la falta de beneficios concretos para los exportadores nacionales.
El desenlace de esta política dependerá de su capacidad para generar crecimiento sostenido sin profundizar desequilibrios estructurales.
Por ahora, el movimiento redefine las reglas del juego comercial en Nicaragua y abre una nueva fase en su relación con las principales potencias económicas.







