Un reciente informe sobre la situación de las drogas en El Salvador evidencia que el consumo, incluido el alcohol, y preocupa que han detectado nuevos casos de menores de 10 años que ingieren bebidas embriagantes y otras sustancias alucinógenas, mientras que los adolescentes que lo hacen mantienen la tendencia.
Esta estimación se presenta, luego de conocerse que, en el año 2022 el Fondo Solidario para la Salud (FOSALUD), registró 12,177 pacientes que fueron atendidos por ingerir por primera vez sustancias alucinógenas. Del total, 10,660 fueron hombres y 1,457 mujeres, al menos la mayoría tenía una edad promedio de 30 años en adelante.
La mayoría de casos atendidos en el sistema nacional de salud posiciona en primer lugar el consumo del alcohol, que estima el 87%; le sigue el tabaco, con un 5%; y otras drogas, con un 4%, y cannabinoides en un 3%.
La situación preocupa y la sociedad estima que deberían de tomarse medidas coercitivas desde el hogar, donde los padres de familia deben de ser los principales actores para prevenir el consumo de estos.
Aunque hay quienes estiman que parte de ese problema se debe a las malas relaciones que establecen los adolescentes o jóvenes, así como la poca o nula supervisión a los contenidos que observan en las redes sociales.
La sociedad, así mismo, considera que se debe de estar más pendiente de esta población vulnerable y darles un seguimiento en las relaciones y vínculos que establecen.
Además, la situación se agrava porque se ha reportado el aumento descomunal de metanfetaminas, razón por la que han emitido una alerta pública con la mirada puesta en los centros de ocio, bares, discotecas y domicilios de San Salvador y La Libertad.
Toda esta dinámica con la intención de hacerle frente a esta situación que preocupa a la sociedad salvadoreña y que alerta a las autoridades en reforzar y establecer planes de contingencia y prevención.
En un esfuerzo colectivo del Ministerio de Salud y FOSALUD, se han establecido mecanismos para brindar atención, tratamiento y rehabilitación a través de ambulatorios, residenciales e inclusive hospitalarias. Para ello, se ha especializado la casa de recuperación la esperanza Cuscatancingo, San Salvador y el Hospital Nacional San Pedro.