Las bandas de crimen organizado están usando casas o condominios en residenciales de alto valor para ocultar droga y armas de fuego en Costa Rica, según han concluido las pericias del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
El director del OIJ, Michael Soto, aseguró que las zonas residenciales de Escazú, Santa Ana, Curridabat, Rohrmoser, La Sabana, La Guácima, El Coyol y Atenas se han vuelto las preferidas del narcotráfico para almacenas ilícitos sin ser detenidos.
Soto indicó que las estructuras suelen resguardar en esas localidades cargamentos de marihuana y cocaína debido a la seguridad de guardias, casetas, cámaras e ingresos controlados a visitantes. Las organizaciones considerarían estas zonas como “lugares seguros” para operar.
“Nos dicen: ‘Pongan atención en equis condominio, en equis quinta, en equis barrio llegaron a vivir varios sujetos, todos masculinos, con horarios muy extraños de moverse. Salen en las madrugadas, en las noches, en el día no aparece nadie. Entonces, todo eso se vuelve muy notorio y más bien se vuelven más visibles”, afirmó Soto.
Además, estas zonas se volverían el blanco de los narcos porque se aseguran de no sufrir atentados rivales, la privacidad extrema y conflictos menos notorios. Sin embargo, la singular forma de operar de las bandas alerta a los vecinos que notan que los criminales solo salen durante las madrugadas.
Uno de los casos más emblemáticos fue el de la captura del narco Luis Ricardo Rodríguez, alias “Pioja”, quien se ocultaba de las autoridades en una torre de lujo en la Sabana Sur. A este líder criminal se le incautaron propiedades, estacionamientos y bodegas valoradas en 190 millones de colones ($421,841).
Además, las autoridades del OJI destacan que el mayor decomiso de armas se realizó en una lujosa propiedad de La Guácima, donde se incautaron 68 armas de fuego como 10 rifles tipo M16, 26 fusiles de asalto semiautomáticos, un fusil Galil SAR y pistolas. A eso se sumó el hallazgo de 755 paquetes de marihuana y 253 de cocaína.






