Conectarse a la aplicación para completar ingresos, ganar flexibilidad o sostener el hogar se ha convertido en una rutina para miles de costarricenses. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Uber pone cifras a esa realidad y retrata cómo viven y trabajan los conductores de la plataforma en el país.
Conductores con formación y responsabilidades familiares
La encuesta, aplicada en 2024 a 944 socios conductores en Costa Rica, muestra un perfil claro. La mayoría son hombres de alrededor de 40 años, muchos con estudios superiores y con familias a su cargo.
Más de la mitad cuenta con educación terciaria. Además, el tamaño promedio del hogar supera las tres personas. Esto sugiere que no se trata solo de ingresos extra ocasionales, sino de un aporte clave al presupuesto familiar.
También destaca que una parte nació fuera del país, lo que refleja cómo la economía de plataformas abre espacio a población migrante en el mercado laboral.
Ingresos por hora y jornadas flexibles
El informe calcula un ingreso promedio de 9.2 dólares por hora antes de gastos como combustible o mantenimiento. En promedio, los conductores se conectan poco más de 20 horas a la semana.
Muchos no trabajan jornadas completas. De hecho, una parte importante conduce menos de 15 horas semanales, mientras otros superan las 30 horas.
La flexibilidad aparece como uno de los principales atractivos. Más de la mitad afirma que valora poder organizar su tiempo. Además, una mayoría señala que aprecia “ser su propio jefe”.
Sin embargo, la plataforma no siempre representa un proyecto a largo plazo. Más de la mitad dejaría de conducir si recibiera un empleo formal con ingresos similares.
Seguridad social, el punto más sensible
El estudio también revela una preocupación relevante. Antes de incorporarse a la plataforma, una mayoría cotizaba a la seguridad social. Hoy, esa proporción es menor.
Este descenso refleja uno de los principales desafíos de la economía gig: la protección social. Aunque muchos combinan Uber con otro trabajo, no todos mantienen aportes constantes a pensiones.
Además, una parte significativa reconoce que no está preparada para enfrentar una emergencia financiera. Aunque la mayoría tiene cuenta bancaria, pocos cuentan con ahorro suficiente.
Aun así, el interés por planificar el retiro existe. La mayoría ha pensado en la jubilación y varios estarían dispuestos a sumarse a un plan de ahorro automático si la plataforma lo ofreciera.
🚗 #Uber is part of the fabric in #LatinAmerica cities. But who’s behind the wheel, and what does that say about the region’s labor market? In our new IDB Group newsletter, you’ll find the most comprehensive picture to date of “the Latin American app-based driver.”
Plus, prepare… pic.twitter.com/atYhcwJhJ3
— Inter-American Development Bank (@the_IDB) March 2, 2026
Entre oportunidad y vulnerabilidad
El informe del BID no presenta una realidad uniforme. Para algunos, Uber funciona como complemento de ingresos. Para otros, representa una fuente principal de sustento.
La economía de plataformas ofrece liquidez inmediata y control del horario. No obstante, también implica ingresos variables y menor cobertura social.
En Costa Rica, el retrato que deja el estudio combina autonomía y riesgo. Detrás de cada viaje hay una persona que busca estabilidad, mejores ingresos o una alternativa laboral en un mercado cambiante.
Más de una década en el país
Uber inició operaciones en Costa Rica el 21 de agosto de 2015. Ese día comenzó a ofrecer viajes en San José desde las 4:00 de la tarde, pese a la oposición de taxistas y autoridades. En ese momento, el Gobierno consideraba ilegal la plataforma por falta de regulación específica. La llegada generó protestas y ataques a vehículos. Sin embargo, el servicio creció con rapidez y luego se expandió a Guanacaste, Puntarenas y otras provincias, hasta cubrir todo el país.
Diez años después, la empresa reporta más de 28,000 conductores activos en Costa Rica, según datos divulgados en agosto de 2025. La cifra marca un crecimiento sostenido desde sus inicios en la capital. Actualmente, la plataforma opera en las 7 provincias. No obstante, la mayor concentración de socios colaboradores sigue en el Gran Área Metropolitana, donde se concentra la mayor demanda de viajes.
En América Latina
En el resto de América Latina y el Caribe, el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo encuestó a casi 13,000 conductores de Uber en 8 países. El perfil regional muestra una fuerza laboral mayoritariamente masculina, con una edad promedio cercana a los 40 años y, en más de la mitad de los casos, con educación terciaria completa. Estos datos cuestionan la idea de que la economía gig se concentra solo en trabajadores con baja calificación.
Además, la encuesta revela una marcada heterogeneidad entre países como Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Costa Rica y República Dominicana. Sin embargo, se repiten algunos patrones. La mayoría conduce a tiempo parcial y combina la plataforma con otras fuentes de ingreso. Cerca de la mitad afirma que no cambiaría este trabajo por uno asalariado si el ingreso fuera similar, lo que confirma el peso de la flexibilidad y la autonomía.
En paralelo, el informe advierte sobre brechas en protección social. Solo alrededor de un tercio cotiza a un sistema de pensiones y muchos carecen de cobertura estable de salud. Aunque una alta proporción afirma pensar en el retiro, pocos han tomado medidas concretas. En ese contexto, el BID plantea avanzar hacia esquemas de protección social más flexibles y portables, adaptados a trabajadores independientes y plataformas digitales.







