Una expedición científica logró redescubrir en Guatemala la Passiflora clypeophylla, una planta endémica que había sido considerada extinta durante 135 años, luego de que no se encontraran nuevos ejemplares desde su descripción original en 1891, basada en una única muestra recolectada en 1889 en la comunidad Rubel Cruz, Alta Verapaz.
El botánico John Donnell Smith registró en ese entonces la localidad como Barranca Rubel Cruz, a 760 metros de altitud. Sin embargo, con el deterioro del material original y tras varios intentos fallidos de redescubrimiento, la especie fue catalogada como un nombre dudoso y posteriormente como extinta, al no existir ejemplares vivos ni conservados en condiciones adecuadas.
En 2024, el investigador británico Jay Kuethe, de la Universidad de Auckland, organizó una nueva expedición mientras trabajaba en una monografía del género Passiflora. La iniciativa contó con el apoyo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en Guatemala y la coordinación con el Centro de Estudios Conservacionistas (CECON) de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Debido a la compleja topografía y el aislamiento del cañón, fue necesario solicitar autorización al pueblo indígena maya Q’eqchi’, cuyos líderes comunitarios concedieron permisos excepcionales para la exploración.
El 21 de febrero de 2024, el equipo integrado por Saban Sequen, Markus Vargas y Dennis Imanol Medina Chub descendió al cañón y, tras una travesía compleja, localizó ejemplares vivos a dos tercios del descenso. El hallazgo fue revelado por la revista científica internacional, Nordic Journal of Botany, en su edición de enero pasado.
“Significó mucho para mí haber redescubierto esta especie, especialmente considerando que hubo cinco intentos previos, uno por mí, para encontrarla, todos en vano. Así que fue un gran avance tanto a nivel personal como científico para todos los involucrados. Lo cierto es que esto no habría sido posible sin la amplia colaboración de Dennis Medina, un brillante botánico de campo, de ascendencia maya, conocedor del idioma local, que se unió a nosotros en la expedición y que logró ganarse la confianza de la población local”, manifestó Kuethe.
La planta habita bosques húmedos sobre formaciones de roca caliza, entre 1,250 y 1,300 metros sobre el nivel del mar. Presenta hojas coriáceas y brillantes, además de zarcillos y glándulas que le permiten trepar entre rocas y árboles en ambientes de alta humedad, condiciones que habrían favorecido su supervivencia en paredes escarpadas y de difícil acceso.
Tras el hallazgo, los científicos recolectaron nuevo material para herbario y documentaron fotografías, mediciones y descripciones actualizadas que permitirán aclarar su identidad taxonómica. Parte de los ejemplares vivos fue trasladada al Jardín Botánico del CECON, en Ciudad de Guatemala, para su cultivo y conservación ex situ, con el objetivo de multiplicar la especie y evaluar futuras reintroducciones, siempre que se garantice la protección continua de su hábitat.
El caso resalta la relevancia del conocimiento local y la cooperación intercultural en la conservación de la biodiversidad, además de demostrar que especies declaradas extintas pueden persistir en refugios naturales aún inexplorados.







