En Nicaragua, ser médico acaba de convertirse en una carrera todavía más difícil. Pero el endurecimiento de las reglas llega acompañado de otra medida insólita: la decisión del régimen de someter a evaluación psicológica a unos 4.000 médicos que ya trabajan en la red pública de salud.
La Secretaría Técnica para la Atención de las Universidades (SETEC) aprobó un nuevo reglamento que eleva las exigencias para ingresar y permanecer en la carrera de Medicina.
Los aspirantes deberán presentar un promedio mínimo de 90 puntos en los dos últimos años de secundaria, superar evaluaciones psicológicas y de conducta, y demostrar “compromiso social” y coherencia con la “identidad cultural y nacional”.
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Exigencias insólitas
Pero lo más llamativo es que quienes reprueben una asignatura perderán el derecho a continuar en la carrera.
La nueva normativa elimina, en la práctica, las segundas oportunidades académicas que históricamente habían permitido a muchos estudiantes recuperar materias pendientes.
La coincidencia temporal no ha pasado desapercibida. Casi al mismo tiempo, el Ministerio de Salud (MINSA) anunció exámenes psicológicos para miles de médicos del sistema público, pocos días después de la exposición pública del caso de la doctora Miriam Morales Donaire.

Inicialmente reportada como desaparecida, la Policía informó después que fue localizada en un hotel de Granada y que atravesaba una crisis emocional vinculada a problemas familiares.
El MINSA la suspendió temporalmente mientras completa su recuperación.
Las decisiones llegan en un contexto de persistentes denuncias ciudadanas sobre negligencias médicas y fallas éticas en el ejercicio, como el sonado caso de la muerte de una paciente a manos de un médico que hacía de cirujano plástico sin estar autorizado.
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Un sistema médico gris
Además el panorama luce gris en el sistema de salud con largas esperas, escasez de recursos y comportamientos erráticos atribuidos a personal sanitario, aunque las autoridades no han vinculado oficialmente ambas medidas con esas críticas.
Para algunos médicos consultados por medios locales, el nuevo reglamento podría reducir drásticamente el número de estudiantes que logren graduarse. “Se van a quedar sin estudiantes”, advirtió un profesional que pidió anonimato.
La paradoja ha generado comentarios en redes sociales: mientras Nicaragua busca filtrar con mayor rigor a quienes sueñan con vestir una bata blanca, también parece preguntarse si quienes ya la usan cuentan con el equilibrio emocional necesario para ejercer una de las profesiones más exigentes del mundo.







