La capital de Honduras atraviesa la crisis de agua más grave desde 1996. El alcalde del Distrito Central, Juan Diego Zelaya, advirtió que Tegucigalpa enfrenta un escenario crítico debido a la escasez de lluvias provocada por el fenómeno de El Niño, que ha reducido de forma significativa el nivel de los embalses que abastecen a la ciudad.
El edil explicó que la situación actual es incluso más compleja que la de hace casi 30 años, ya que la población de la capital ha crecido considerablemente. “En ese entonces había un millón de capitalinos menos”, afirmó, al tiempo que señaló que este ha sido el año con menos precipitaciones de la última década, lo que ha impactado directamente la producción de agua potable.
Para hacer frente a la emergencia, la Alcaldía Municipal del Distrito Central mantiene operativa una flotilla de 52 camiones cisterna, que distribuyen agua de manera gratuita en barrios, colonias, escuelas, hospitales y mercados.
Según las autoridades, ya se han entregado 2.3 millones de galones mediante cerca de 1,000 viajes hacia las comunidades con mayores dificultades de abastecimiento.

Zelaya también destacó la reactivación de la construcción de la represa San José, un proyecto estratégico que permaneció detenido durante 18 meses y que retomó los trabajos el pasado 7 de marzo. La obra registra un 46 % de avance y se espera que entre en funcionamiento en 2028, con el objetivo de fortalecer el suministro de agua para Tegucigalpa.
Como parte del plan de respuesta, la municipalidad inició la rehabilitación de pozos que habían quedado fuera de servicio por falta de mantenimiento y reforzó las cuadrillas de la Unidad Municipal de Agua Potable y Saneamiento (UMAPS), incorporando un segundo turno para acelerar la reparación de fugas en la red de distribución.
La crisis en Tegucigalpa refleja el impacto que el fenómeno de El Niño sigue teniendo sobre los recursos hídricos en Centroamérica.
Ante un clima cada vez más variable y una demanda creciente de agua, las autoridades también impulsan un programa de cosecha de agua para viviendas, escuelas, iglesias y comunidades ubicadas en las zonas más altas de la capital, donde el suministro es más limitado.






