La Fiscalía contra el Secuestro del Ministerio Público (MP) confirmó que esta modalidad delictiva se ha convertido en una nueva problemática para Guatemala, especialmente en las semanas previas a las fiestas de fin de año, cuando el movimiento económico aumenta y los grupos criminales actúan con mayor frecuencia.
Las autoridades reportan que los secuestros exprés se concentran principalmente en las zonas 7, 11, 12, 13 y 14 de la capital, donde en lo que va del año se ha registrado un incremento significativo. El MP asegura que mantiene operativos activos para desarticular a las bandas responsables.
Según el MP, se esperan capturas en noviembre y diciembre, ya que varios sospechosos ya están perfilados y las órdenes de detención se encuentran en trámite. El objetivo es evitar que esta modalidad siga creciendo durante la temporada de fin de año.
El fiscal Fredy Santos detalló el modus operandi: una mujer se hace pasar por usuaria de un taxi informal, ofrece dulces para generar confianza y, minutos después, el resto de la banda agrede a la víctima, roba sus pertenencias y exige un pago a los familiares. La suma exigida suele rondar los 10 mil quetzales (1,300 dólares), transferidos por banca móvil.
Agentes de la @PNCdeGuatemala capturaron en #ElProgreso, a 3 presuntos secuestradores involucrados en el asesinato de un hombre de 51 años. La víctima, por quien pedían Q1 millón para su liberación, habría sido privada de su libertad el 27 de octubre, en Villa Nueva, Guatemala. pic.twitter.com/jQmxx0Jytm
— MinGob (@mingobguate) November 27, 2025
El proceso completo, desde que la víctima aborda el vehículo hasta que es liberada tras el pago, dura entre tres y cinco horas, lo que convierte a este delito en uno de los secuestros más rápidos de la región.
Las autoridades recomiendan evitar el transporte informal por la noche, no aceptar objetos de desconocidos, compartir ubicación en tiempo real y mantener activado el GPS del teléfono.
Aunque parece un fenómeno reciente, la Fiscalía explica que esta modalidad surgió en 2023, tras la pandemia, cuando proliferaron taxis irregulares por la falta de transporte colectivo. Dos años después, el esquema sigue vigente y evolucionando, convirtiéndose en una amenaza persistente para miles de guatemaltecos.







