Centroamérica, eje del tráfico de migrantes: operación global detecta casi 13.000 casos

Tras una operación global de INTERPOL, la región fue señalada como un corredor importante utilizado por grupos criminales.

Por muchos años, el Darién fue un corredor clave para los migrantes que buscaban llegar al norte del continente.

Centroamérica se ha consolidado como uno de los principales corredores del tráfico de migrantes y la trata de personas en el continente, según los resultados de la operación internacional Liberterra III, coordinada por INTERPOL. El operativo permitió detectar cerca de 13,000 migrantes en situación irregular. Además, rescató a más de 4,400 posibles víctimas en 119 países, incluidos varios de la región.

El informe sitúa a Centroamérica como una zona clave de tránsito, captación y redistribución de personas migrantes, en un contexto marcado por la reconfiguración de las rutas tradicionales. Las redes criminales aprovechan la posición geográfica de la región y las brechas en los controles fronterizos. Así, diversifican trayectos y reducen el riesgo de detección.

Patrones migratorios 

Uno de los hallazgos centrales del operativo es el cambio parcial en los patrones migratorios en las Américas. Junto al flujo histórico hacia el norte, se registra un desplazamiento creciente hacia el sur que atraviesa países centroamericanos. Esta dinámica ha sido incorporada por las organizaciones criminales como una estrategia para evadir controles y expandir sus operaciones.

Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Belice, figuran entre los países que participaron en la operación. La respuesta regional buscó desarticular estructuras delictivas de alcance transnacional. Además, estas operan de manera coordinada y sin respetar fronteras nacionales.

La Interpol desarrolla investigaciones a nivel mundial para dar con criminales.

Durante el operativo, las autoridades reforzaron los controles en puntos considerados críticos, varios de ellos ubicados en corredores centroamericanos identificados como zonas de alto riesgo. En total, más de 14,000 funcionarios fueron movilizados a nivel mundial.

El informe advierte además que la trata de personas ha ampliado sus modalidades. Más allá de la explotación sexual, se detectaron casos de trabajo forzoso, explotación infantil, esclavitud doméstica y actividades ilícitas impuestas, prácticas que también han sido documentadas en países de Centroamérica.

La región aparece igualmente como un espacio relevante para la captación digital de víctimas. Las redes criminales utilizan redes sociales y plataformas en línea para ofrecer falsas oportunidades laborales o promesas de migración segura. Esta es una estrategia que dificulta la identificación temprana de los casos.

Como resultado de la operación, se abrieron más de 720 nuevas investigaciones, muchas de ellas aún en curso. Varias están vinculadas a rutas que conectan Sudamérica, Centroamérica, México y Estados Unidos. El Salvador fue uno de los países donde se instalaron unidades de coordinación operativa internacional. Esto refuerza el papel de la región en el intercambio de información policial.

La coordinación con autoridades locales hace posible operativos efectivos.

Los delitos relacionados a la trata

INTERPOL señala que la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes están estrechamente vinculados a otros delitos, como la falsificación de documentos, el lavado de dinero y el narcotráfico. Esto incrementa la complejidad de la respuesta estatal.

Casos documentados en Centroamérica incluyen explotación laboral infantil y abusos contra menores, lo que refleja la dimensión humana detrás de las cifras y la vulnerabilidad de quienes transitan por rutas migratorias irregulares.

Para la organización policial internacional, el principal desafío en la región es anticiparse a las nuevas dinámicas del crimen organizado. También se debe fortalecer la cooperación entre países como Honduras y sus vecinos, y mejorar los mecanismos de protección para las personas migrantes.

La operación Liberterra III se desarrolló entre el 10 y el 21 de noviembre de 2025 y dejó un saldo de 3,744 personas detenidas en todo el mundo. Más de 1,800 de ellas fueron por delitos directamente relacionados con la trata de personas y el tráfico de migrantes. Estas cifras confirman la magnitud y la capacidad de adaptación de estas redes criminales.

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