La exposición prolongada al sol se ha convertido en un factor de riesgo creciente para la salud en América Latina. Según especialistas, uno de cada 19 salvadoreños podría desarrollar melanoma, el tipo más agresivo de cáncer de piel. Esto ocurre en un contexto donde la incidencia global sigue en aumento.
El melanoma es un cáncer cutáneo que se origina en los melanocitos, las células responsables del color de la piel. Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que cada año se registran más de 1.5 millones de nuevos casos de cáncer de piel en el mundo. Esto evidencia su impacto en la salud pública.
Especialistas advierten que este tipo de cáncer puede crecer de forma rápida y agresiva. Sin embargo, también señalan que es altamente curable si se detecta a tiempo. La clave está en la observación de cambios en lunares o manchas. Igualmente, los controles médicos periódicos son esenciales.
En Centroamérica, las condiciones climáticas y la alta exposición solar incrementan los riesgos. En países como Costa Rica, donde el turismo de playa y actividades al aire libre son frecuentes, la radiación ultravioleta representa un desafío adicional para la prevención de enfermedades cutáneas.

Entre los principales factores de riesgo se encuentran las quemaduras solares repetidas y la exposición intensa al sol sin protección. Los expertos recomiendan prestar atención a señales como asimetría en lunares, bordes irregulares, cambios de color o crecimiento, conocidos como el método ABCDE para identificar posibles melanomas.
El uso de protector solar con factor 30 o superior, la reaplicación constante y el uso de ropa protectora son medidas clave para reducir el riesgo. También se recomienda evitar la exposición en horas de mayor radiación. Además, es importante proteger zonas sensibles como rostro, cuello y pies.
Además del melanoma, la falta de protección solar también está relacionada con infecciones cutáneas, irritaciones y otros problemas dermatológicos. Esto se da especialmente durante temporadas de calor o vacaciones. Por eso, la prevención y la educación sobre el cuidado de la piel siguen siendo herramientas fundamentales para enfrentar este problema en la región.







