Centroamérica detectó su primer caso de coronavirus el 6 de marzo de 2020 en Costa Rica. Las autoridades sanitarias confirmaron el contagio en una turista estadounidense de 49 años que llegó desde Estados Unidos.
Días después, otros países de la región reportaron casos. Panamá confirmó el primero el 9 de marzo de 2020 en una mujer que regresó desde España.
Posteriormente, Guatemala anunció su primer contagio el 13 de marzo. Mientras tanto, El Salvador y Nicaragua lo reportaron entre el 18 y 19 de marzo.
El Salvador reportó el suyo el 18 de marzo, cuando las autoridades confirmaron el contagio de un hombre que había viajado a Italia; el anuncio lo realizó el presidente Nayib Bukele en cadena nacional. Ese mismo día, Nicaragua informó su primer caso en un ciudadano de 40 años que regresó de Panamá.
Días antes, Honduras confirmó sus primeros contagios el 11 de marzo en 2 mujeres procedentes de España y Suiza. Por su parte, Belice reportó su primer caso el 23 de marzo en una mujer de 38 años que regresó desde Los Ángeles, Estados Unidos.
Desde entonces, la pandemia de COVID-19 se extendió a todos los países de Centroamérica. Los gobiernos aplicaron cuarentenas, restricciones de movilidad y campañas de vacunación.
Impacto de la pandemia en la región
Durante los primeros años de la crisis sanitaria, Centroamérica acumuló cerca de 4 millones de casos confirmados de coronavirus.
Además, la región registró más de 53.000 fallecidos durante los principales picos de la pandemia, según datos oficiales recopilados hasta 2022 y 2023.
En total, los países realizaron más de 22 millones de pruebas para detectar el virus. Sin embargo, los expertos señalan que los datos varían debido a diferencias en el registro y el acceso a pruebas.
Entre los países más afectados en cifras absolutas destacan Guatemala y Panamá.
Por otro lado, Nicaragua reportó cifras oficiales mucho menores, lo que generó dudas sobre posibles subregistros.
Vacunación desigual en Centroamérica
La vacunación contra la COVID-19 avanzó con diferentes ritmos en la región.
Países como Costa Rica, Panamá y El Salvador alcanzaron coberturas altas gracias a campañas nacionales y al acceso temprano a vacunas.
En cambio, Guatemala y Nicaragua registraron niveles más bajos de inmunización.
La distribución de vacunas contó con el apoyo del mecanismo internacional COVAX y del Fondo Rotatorio regional.
La COVID-19 ya no es emergencia global
En mayo de 2023, la Organización Mundial de la Salud declaró el fin de la emergencia de salud pública internacional por COVID-19.
Desde entonces, el SARS-CoV-2 se considera un virus respiratorio endémico. Actualmente circula junto con influenza y otros virus respiratorios.
Según reportes de la Organización Panamericana de la Salud, la actividad del virus se mantiene baja y estable en la región de las Américas.
Además, no se han registrado brotes masivos recientes en Centroamérica.
Vacunación y vigilancia sanitaria continúan
Aunque ya no existen campañas masivas, los países mantienen la vacunación contra COVID-19.
Las autoridades sanitarias priorizan la inmunización en grupos de riesgo. Entre ellos destacan adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, mujeres embarazadas y personal de salud.
La OPS también recomienda aplicar refuerzos durante temporadas de mayor circulación de virus respiratorios.
Por ello, los sistemas de salud mantienen vigilancia epidemiológica para detectar nuevas variantes y responder a futuras amenazas sanitarias.
Una de las mayores crisis de salud pública
La OPS describe la pandemia de COVID-19 como la mayor crisis de salud pública en un siglo para la región de las Américas.
Aunque la región tiene alrededor del 13 % de la población mundial, concentró cerca del 25 % de los contagios globales y más del 40 % de las muertes.
Además, Centroamérica registró una reducción promedio de 3,6 años en la esperanza de vida durante la crisis sanitaria.
Las autoridades sanitarias sostienen que la pandemia dejó lecciones sobre vigilancia epidemiológica, acceso equitativo a vacunas y fortalecimiento de los sistemas de salud.
Seis años después del primer contagio en la región, el coronavirus sigue presente, pero los países gestionan su impacto dentro de la vigilancia regular de enfermedades respiratorias.
Impacto económico de la pandemia
La pandemia de COVID-19 provocó una fuerte recesión económica en Centroamérica durante 2020. La crisis afectó el crecimiento, el empleo y los ingresos de millones de personas.
Según informes del Banco Interamericano de Desarrollo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el Banco Mundial, la región registró caídas importantes del producto interno bruto.
Panamá sufrió una de las mayores contracciones económicas, con una caída del PIB cercana al 17,9 %. En contraste, Guatemala registró un impacto menor, con una reducción cercana al 1,5 %.
Otros países también enfrentaron descensos significativos. El Salvador y Honduras registraron contracciones entre 7 % y 9 %. Mientras tanto, Nicaragua reportó una caída estimada entre 2 % y 3,9 %.
La crisis golpeó con fuerza sectores clave como turismo, comercio, servicios y micro, pequeñas y medianas empresas. Muchos negocios cerraron o redujeron operaciones durante los meses de confinamiento.
Además, la pandemia agravó problemas sociales existentes. El desempleo aumentó y la pobreza creció en varios países. La alta informalidad laboral también amplificó la pérdida de ingresos en muchos hogares.
Posteriormente, la economía regional inició una recuperación gradual entre 2021 y 2023. Las remesas, la reapertura de actividades y el comercio internacional impulsaron ese proceso.
Sin embargo, organismos regionales señalan que el impacto social y económico dejó efectos duraderos en la región.






