La codictadora de Nicaragua, Rosario Murillo, ha intensificado sus ataques contra opositores, periodistas y ciudadanos críticos con el Gobierno después de que 29 países de la Organización de los Estados Americanos (OEA) respaldaran convocar a los cancilleres para analizar medidas ante la decisión del régimen de abolir las elecciones.
Murillo ha convertido sus intervenciones diarias en una nueva plataforma de insultos, burlas y amenazas contra sus adversarios.
En sus últimos discursos los ha llamado «mala bichuchas», «chompipes inflados», «infieles», «roncolas», «zorros del mismo piñal» y «menudencias».
La dirigente también ha recurrido a referencias religiosas para descalificarlos. «No pueden ser del Reino de los Cielos», afirmó sobre quienes cuestionan al régimen sandinista.
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Insultos que van más allá de la descalificación
La nueva ofensiva verbal combina insultos con amenazas de cárcel, destierro y castigos. Murillo también acusa y amenaza a periodistas que informan sobre las decisiones de la OEA y sobre la crisis política nicaragüense.
El discurso oficial busca presentar a los críticos como enemigos del país, traidores o personas indignas de formar parte de la comunidad nacional y hasta de la religión cristiana.
Esa retórica ha acompañado durante años la persecución contra opositores, periodistas, religiosos y organizaciones civiles.
Pero ahora adquiere especial intensidad después de la ofensiva diplomática promovida por Estados Unidos en el sistema interamericano.
El Consejo Permanente de la OEA aprobó con 29 votos a favor la convocatoria de una reunión de cancilleres para discutir la situación de Nicaragua.
La iniciativa busca avanzar en posibles medidas frente a la decisión de Daniel Ortega de eliminar las elecciones y mantener un sistema político sin competencia democrática.
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Washington queda fuera de sus insultos
Estados Unidos ha encabezado las presiones diplomáticas contra Managua, pero Murillo no concentra allí sus principales ataques.
Su blanco habitual son los propios nicaragüenses que denuncian al régimen. También arremete contra periodistas y opositores exiliados o desterrados por su régimen, que difunden información sobre la situación del país.
La diferencia resulta significativa: mientras Washington impulsa sanciones y acciones diplomáticas, Murillo dirige su lenguaje más agresivo contra ciudadanos nicaragüenses que carecen del poder institucional de los gobiernos extranjeros.
La advertencia de La Prensa
El diario opositor La Prensa advirtió en un editorial publicado el 26 de agosto sobre los riesgos de esta escalada y tituló su reflexión «La deshumanización del adversario en la lucha política».
El periódico alertó sobre una práctica que históricamente ha precedido episodios de violencia extrema.
Recordó cómo la propaganda nazi deshumanizó a los judíos antes del Holocausto y cómo la propaganda en Ruanda convirtió a los tutsis en objetivos de exterminio antes del genocidio de 1994.
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El objetivo inicial, advierte el editorial, consiste en quitarle al adversario su condición humana. Cuando el poder consigue presentarlo como una amenaza, una plaga o una criatura inferior, resulta más fácil justificar su persecución y eventual eliminación, alerta.
En Nicaragua, esa retórica coincide con el cierre de los espacios democráticos, la persecución de opositores y el destierro de miles de ciudadanos.
La nueva escalada de Murillo vuelve así a colocar el lenguaje del poder en el centro de la preocupación internacional: ya no se trata solamente de insultar al adversario, sino de negarle, mediante la palabra, su condición de ciudadano con derechos.






