Un análisis del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica reveló que la operación militar norteamericana en Venezuela abrió nuevos escenarios políticos en Nicaragua y Latinoamérica, generando reacciones de esperanza entre la población nicaragüense, aunque marcadas por el silencio ante la vigilancia y el control de la dictadura Ortega-Murillo.
En un ejercicio de diálogo e intercambio con activistas locales, facilitado por una organización de sociedad civil, los participantes expresaron que los recientes acontecimientos en Venezuela representan una señal de posible cambio para Nicaragua en el corto plazo.
Sin embargo, entre empleados públicos de distintas alcaldías predomina el temor, acompañado de un incremento en los mecanismos de supervisión interna.
Un informe elaborado por Hagamos Democracia, basado en la percepción de ciudadanos de 40 municipios durante los últimos meses de 2025, ya reflejaba este sentimiento. Más del 97 % de los consultados consideró que una eventual caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela favorecería a Nicaragua. El estudio también expone un alto nivel de descontento con la gestión local y la situación institucional del país.
En paralelo, los resultados más recientes del Índice de Transparencia Internacional colocan nuevamente a Nicaragua como el segundo país más corrupto del continente, solo superado por Venezuela.
El análisis sostiene que la corrupción se ha instalado como una práctica política en todos los niveles del aparato estatal, siempre que cuente con el aval de la estructura de poder encabezada por Daniel Ortega y Rosario Murillo. Cuando los funcionarios incurren en actos no autorizados, son purgados y “castigados”, en muchos casos mediante destituciones e incluso encarcelamientos.
El estudio de Hagamos Democracia indica que cerca del 78 % de los ciudadanos conoce casos de corrupción en sus localidades, principalmente relacionados con uso indebido de bienes públicos, nepotismo, licitaciones amañadas y malversación de fondos. Aunque se han registrado cambios y destituciones de alcaldes y funcionarios en algunos municipios, la población percibe que los pequeños proyectos de infraestructura no mejoran sus condiciones de vida, sino que forman parte de una estrategia para proyectar una imagen de buena gestión.
El informe concluye que la corrupción se ha convertido en una práctica endémica con efectos directos en la administración pública y en la calidad de vida de la población.







