Panamá se ha consolidado como uno de los puntos más estratégicos del comercio mundial. Su ubicación y su infraestructura lo convierten en un nodo clave para el tránsito de mercancías entre continentes.
El Canal de Panamá concentra más del 5 % del comercio marítimo global, mientras su sistema portuario moviliza cerca de 10 millones de contenedores al año, posicionando al país como uno de los principales hubs logísticos de América Latina.
Pero esa misma infraestructura también genera alertas. Un informe del Centro para el Estudio de la Democracia (CSD) advierte que estos corredores pueden ser utilizados tanto para comercio legal como para actividades ilícitas.
El estudio, titulado “Alianzas en la sombra: el nexo entre potencias autoritarias y la guerra híbrida en América Latina” señala que actores como China, Rusia e Irán han desarrollado estrategias de influencia que combinan inversión, comercio y redes encubiertas.
Puntos que aprovechan
Según el informe, puertos, zonas francas y rutas comerciales funcionan como plataformas de uso dual. Es decir, permiten operaciones formales, pero también facilitan actividades ilícitas sin una trazabilidad clara.
En estos espacios, se pueden mover mercancías, dinero y personas a través de estructuras legales que encubren prácticas como el contrabando, el lavado de dinero o la evasión de sanciones.
Panamá aparece así como un punto clave donde se cruzan intereses globales. Su conectividad lo convierte en una puerta de entrada no solo para el comercio, sino también para dinámicas más complejas de influencia.
El fenómeno no es aislado. En el resto de Centroamérica, especialmente en el Triángulo Norte, las debilidades institucionales amplifican este tipo de operaciones, facilitando el rol de redes criminales como intermediarias.
El informe advierte que estas redes permiten a actores externos operar con bajo nivel de exposición directa, integrando lo legal y lo ilícito en un mismo sistema que impacta en toda la región.
En ese contexto, Panamá no solo es un hub logístico global. También se posiciona como un punto crítico en la convergencia entre comercio, crimen organizado e influencia geopolítica en Centroamérica.
