El presidente electo de Honduras, Nasry Asfura, ha expresado su intención de romper relaciones diplomáticas con China y restablecer vínculos con Taiwán tras asumir el cargo el 27 de enero próximo.
La victoria de Asfura ha generado respuestas contrastantes: mientras China se limitó a calificar la elección como “un asunto interno” y pidió respetar la política de una sola China, Taiwán celebró el resultado y confirmó que mantiene contacto directo con el nuevo mandatario.
“Estamos en contacto directo con el presidente electo y esperamos establecer relaciones diplomáticas con el apoyo de Estados Unidos”, declaró la cancillería taiwanesa.
El giro marcaría un revés significativo para Pekín en Centroamérica y responde a una combinación de factores económicos, políticos y geoestratégicos que se consolidaron tras el cambio de gobierno.
El primer factor es el bajo cumplimiento de los compromisos económicos asumidos por China tras el establecimiento de relaciones diplomáticas en 2023.
Bajo la administración de Xiomara Castro, Honduras rompió más de 80 años de vínculos con Taiwán con la promesa de inversiones chinas en infraestructura, una represa hidroeléctrica y un tratado de libre comercio. Sin embargo, el acuerdo comercial nunca se concretó y las negociaciones para la represa Patuca II se estancaron por diferencias técnicas.
Para las élites hondureñas, China trató al país más como un triunfo simbólico frente a Taiwán que como un socio estratégico real.

El mercado del camarón
La ruptura con Taiwán tuvo efectos económicos inmediatos. En 2022, cerca del 40 % de las exportaciones hondureñas de camarón tenían como destino Taiwán, pero tras el rompimiento diplomático estas ventas cayeron alrededor del 70 %, sin que China se convirtiera en un mercado sustituto.
Este deterioro económico fortaleció a la oposición política, en particular al Partido Nacional liderado por Asfura, que desde el inicio rechazó el alejamiento de Taipéi.
Asfura ha declarado que el país estaba “100 veces mejor” cuando tenía relaciones con Taiwán, gracias al comercio y la cooperación directa. Además, anunció su intención de alinearse con “un triángulo claro: Estados Unidos, Israel y Taiwán”, y cortar relaciones con Venezuela.
La embajada china reaccionó exigiendo al entonces candidato Asfura retractarse de sus declaraciones sobre restablecer relaciones con Taiwán, en una postura interpretada como amenaza e injerencia.

El factor Trump
El tercer elemento clave ha sido el papel de Estados Unidos. Asfura fue el único candidato presidencial hondureño en recibir el respaldo explícito del presidente estadounidense, Donald Trump, quien calificó a sus rivales como “comunistas” y pidió votar por él en nombre de la “libertad y la democracia”.
El giro de Asfura responde también a la nueva doctrina estadounidense en la región, impulsada por Trump, para contrarrestar la influencia china en América Latina.
Washington ha dejado claro que una restauración de relaciones con Taiwán sería bien vista, especialmente tras la aprobación del United States–Taiwan Partnership in the Americas Act, que busca blindar a los aliados diplomáticos de Taipéi frente a la influencia de China en la región.
Aunque una eventual ruptura no alteraría la estrategia general de China en América Latina —basada en fuertes lazos con economías mayores— sí representaría una derrota política poco común: un país que revertiría su reconocimiento diplomático.
Aunque Asfura, quien la próxima semana inicia una gira por Estados Unidos e Israel, no ha expresado públicamente qué decisión tomará. La vicepresidenta electa, María Antonieta Mejía, ha dicho reiteradamente que Asfura cumplirá su promesa y restablecerá las relaciones con Taiwán.
Las promesas de campaña de Asfura, la presión interna por resultados económicos y el respaldo estratégico de Washington apuntan a que el distanciamiento con Pekín es cada vez más probable.







