La dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo comenzó a notificar a distintas parroquias de Nicaragua la suspensión inmediata de restricciones que pesaban sobre actividades de la Iglesia católica, según reveló la Gran Confederación Opositora Nicaragüense (GCON).
De acuerdo con la organización, las comunicaciones iniciaron en la Arquidiócesis de Managua y fueron realizadas por el Comisionado General de la Policía Nacional. Las nuevas disposiciones permiten nuevamente las procesiones religiosas en el territorio nicaragüense, además del uso y quema de pólvora durante festividades litúrgicas y patronales.
La medida parece ser una respuesta a la ola de condenas internacionales recibidas por la dictadura nicaragüense, incluyendo una fuerte resolución de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Según la investigadora Martha Patricia Molina, desde 2018 se han documentado 29,914 agresiones atribuidas al gobierno de Ortega y Murillo contra la Iglesia católica nicaragüense. Entre estas acciones se encuentran las prohibiciones para desarrollar actividades de piedad popular.
“Debido al actual escenario político internacional, la dictadura sandinista se ha visto inducida a cambiar su estrategia de represión. Ha pasado de ejecutar sus acciones de manera visible a realizarlas en la sombra. En consecuencia, lo que les interesa es mantener el control interno mediante el miedo, la amenaza y la coacción, obligando a las víctimas a guardar silencio, a no denunciar y a aceptar las imposiciones”, escribió Molina en un artículo en el Diario La Prensa.
Molina señaló que uno de los aspectos que llamó la atención de medios de comunicación y analistas es que oficiales de la Policía Nacional comenzaron a autorizar algunas de las procesiones más concurridas, entre ellas las dedicadas a la Virgen de la Merced, en Matagalpa, y San Jerónimo, en Masaya. En León, según explicó, estas celebraciones siempre pudieron desarrollarse bajo esas advocaciones.
Molina agregó que los organizadores de las actividades religiosas fueron sorprendidos por los permisos debido al tiempo y la organización que requiere preparar este tipo de celebraciones. Pese a esa situación, señaló que la Iglesia aprovechó las autorizaciones y convocó a los laicos a participar con júbilo en las procesiones, aun con la vigilancia y el asedio que, según afirmó, permanecen de forma constante.
La dictadura Ortega-Murillo ha desterrado y desnacionalizado a cuatro obispos católicos y a más de un centenar de sacerdotes y religiosas, tres de esos obispos estuvieron encarcelados.
