La instalación de un monumento en honor al dictador cubano Fidel Castro encendió la indignación y el sarcasmo en Nicaragua, a la vez que desató la furia de la dictadura Ortega Murillo, que amenazó con cárcel a sus detractores.
La efigie, levantada en pleno corazón de Managua por órdenes directas de los tiranos Daniel Ortega y Rosario Murillo, desató una inmediata tormenta de burlas, memes y reproches en plataformas digitales.
La respuesta oficial no tardó en llegar: una furiosa embestida verbal de la codictadora Murillo, quien activó a sus fuerzas de seguridad, transformando el humor en un pretexto para la persecución penal.
Durante su habitual discurso diario, Murillo lanzó una ráfaga de insultos contra los usuarios de redes sociales que ridiculizaron la obra.
Rabiosa, los llamó “engendros”, “jaurías”, “terroristas” y “payasos”, argumentando que a sus opositores “les arde la decencia”.
Más allá de las descalificaciones verbales, Murillo conminó a la policía y a los fanáticos del partido oficialista a “defender el honor y la dignidad” del dictador cubano.
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Un país sin libertad de expresión
El contexto en el país centroamericano convierte esta advertencia en un peligro inminente. El régimen mantiene un férreo aparato de vigilancia cibernética para sofocar todo vestigio de protesta social.
Por ejemplo: decenas de ciudadanos, activistas y periodistas han sufrido detenciones arbitrarias, acusados bajo leyes restrictivas por la supuesta “difusión de noticias falsas” o por menoscabar la soberanía nacional.
El simple acto de publicar, dar un “me gusta” o compartir un meme en redes sociales ha derivado en condenas drásticas que alcanzan hasta diez años de prisión, privación de la nacionalidad y la confiscación total de bienes.
Ejemplo de tal política de censura se evidencia en la confiscación y cierre de más de 60 medios de comunicación y el destierro y exilio de más de 300 periodistas.
El monumento desató indignación no solo por su costo y por el despliegue de propaganda, sino también por la abierta contradicción que representa.
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Contrariando la memoria de Castro
En contraste, antes de su fallecimiento en 2016, Castro prohibió por ley en Cuba el levantamiento de estatuas o el uso de su nombre para nombrar sitios públicos, rechazando el culto a la personalidad.
Pese a esta voluntad, la cúpula sandinista erigió el armatoste luminoso, alimentando la percepción de un gasto desmedido en medio de la profunda crisis socioeconómica que atraviesa tanto Cuba, como pobreza Nicaragua.
Por ello, la reacción violenta del régimen ante la sátira evidencia la extrema fragilidad de la libertad de expresión en Nicaragua.
Lo que en cualquier democracia funcional constituye un ejercicio cotidiano de humor político y libre expresión, bajo la dictadura Ortega Murillo representa un delito grave castigado con cárcel, muerte y tortura.
La amenaza de Murillo reafirma la política de cero tolerancia al descontento y consolida un estado de censura absoluta donde ni el sarcasmo escapa a la bota represiva del Estado.
