Ni en sus últimos momentos de vida, ni en su lecho de muerte, el líder indígena y preso político Brooklyn Rivera gozó de libertad alguna: la dictadura secuestró su cuerpo y administró sus funerales, mientras detuvo con policías a los familiares que querían despedirse de su ser amado.
De acuerdo con el reporte de familiares y fuentes confidenciales, al menos seis parientes cercanos de Rivera pretendían viajar a Managua a recoger el cuerpo de su ser querido y trasladarlo al Caribe Norte, donde lo enterrarían según las costumbres y tradiciones miskitas.
Sin embargo, no llegaron a Managua y desde la madrugada del 31 de mayo están desaparecidos.
Los familiares de Brooklyn Rivera que están desaparecidos desde el domingo, luego de ir a reclamar el cuerpo del líder indígena son:
1- Westin Rivera (Hijo)
2- Alda López Bryan (Hermana)
3- Jordys Escobar Bryan (Sobrino)
4- Eritza Coleman (Esposa de Jordys)
5- Korny Valle Bushey (Sobrino)
6- Jorge Webster (Amigo)
7- Florencia Sarmiento (Asistente del hogar).
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Dictadura secuestró el velorio
El velorio y sepelio del martirizado líder indígena fue hecho en una funeraria de Managua llamada Sierras de Paz, bajo un ambiente saturado de policías, medios de propaganda de la dictadura y funcionarios al servicio del régimen.
Delante de las cámaras aparecieron algunas mujeres de aspecto indígena llorando frente al féretro, bajo la estricta mirada de agentes de inteligencia vestidos de civil.
Ningún miembro de su familia pudo acompañar a Rivera en su última morada.
Su hija Tininiska Rivera, desterrada por la dictadura de la familia Ortega Murillo, pidió públicamente un permiso para despedir a su padre, pero su súplica cayó en silencio oficial.
Entierro apresurado
Finalmente, los restos de Riveras fueron trasladados en caravana de funcionarios y policías al camposanto Sierras de Paz en Managua, y enterrado apresuradamente ya de noche y con la familia doliente ausente y desaparecida.
En el cierre del funeral apareció profundamente conmovida la exdiputada Nancy Elizabeth Enríquez.
Ella fue apresada junto a Rivera en 2023 y estuvo desaparecida hasta que en diciembre de 2025 fue enviada a casa por cárcel, cuando ya se rumoraba la gravedad de salud del ex líder indígena.
Al finalizar el entierro exprés, a Enríquez la subieron a una patrulla y la sacaron rápido del cementerio, alejándola de cámaras y de diputados oficialistas presentes en el funeral orquestado por la dictadura Ortega Murillo.
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Cinismo cruel y perverso
Rivera murió la noche del 30 de mayo en un hospital estatal de Managua.
Falleció apenas cinco días después de que la dictadura, por presiones internacionales, lo presentara moribundo en una cama y anunciara que le prestaba auxilio médico especializado.
Los medios independientes dieron la noticia y la dictadura lo oficializó un día después, la mañana del 31 de mayo, con una nota de prensa donde “lamentan” su muerte y dirigen “sentidas condolencias” a la familia.
Al histórico dirigente indígena lo secuestraron en noviembre de 2023 en una comunidad indígena en las afueras de Bilwi, cabecera municipal de Puerto Cabezas, en la Región Autónoma del Caribe Norte de Nicaragua.
Las razones de su detención, secuestro y desaparición forzada fueron estrictamente políticas: en abril de ese año había comparecido como diputado ante un foro de Derechos Indígenas ante las Naciones Unidas a denunciar los abusos de colonos y militares contra los territorios y familias indígenas de Nicaragua.
La dictadura decretó su destierro y apatridia, le anuló el cargo, prohibiendo su regreso y declarándolo “traidor a la patria”, pero Rivera regresó a Honduras e ingresó clandestino a Nicaragua a través del río Coco.
La policía lo secuestró en septiembre de ese año, junto a Enriquez, su diputada suplente ante la Asamblea Nacional.
Y desde entonces la familia solo tuvo noticias suyas hasta que lo vieron moribundo en una cama de hospital a través de los infames medios de propaganda del régimen dinástico.
