La dictadura de Nicaragua protagoniza una de sus reacciones más ambiguas frente a una medida de gran impacto geopolítico: la decisión de la administración de Estados Unidos de imponer aranceles y sanciones a cualquier país que suministre petróleo a Cuba.
El presidente Donald Trump firmó apenas hace dos días en una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional respecto a La Habana.
La respuesta oficial de Managua ha sido inexistente. Más allá de republicar de manera tímida un comunicado de la disminuida organización del ALBA-TCP rechazando la medida de Washington, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo no ha emitido pronunciamientos propios ni ha cuestionado directamente la política de Washington.
Lea además: EEUU califica de ilegítima la copresidencia de Rosario Murillo en Nicaragua a un año de su imposición
Murillo ilegítima y cobarde, dice EEUU
El silencio es un giro que analistas interpretan como un intento fallido de evitar tensiones directas con la Casa Blanca.
El comunicado de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América —que incluye a Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros países— calificó la orden ejecutiva estadounidense como una violación al libre comercio y a la soberanía de los Estados, y reiteró solidaridad con la isla caribeña frente a lo que describió como “medidas coercitivas unilaterales”.

Pese a la estrategia de guardar silencio y aparentar tranquilidad, el analista político Enrique Sáenz ha señalado que la dictadura Ortega-Murillo no ha escapado al ojo crítico de la Casa Blanca.
El 30 de enero el Departamento de Estado de Estados Unidos calificó a la co dictadora Rosario Murillo de presidente ilegítima y de cobarde por negarse a consultar a la población en unas elecciones si la hubieran elegido.
Cobardía no ha evitado el ojo de Washington
Según Sáenz, el régimen ha intentado pasar “fuera del radar” de la administración estadounidense, ganando tiempo sin hacer mucho ruido ante la borrasca de medidas internacionales, pero ello no ha logrado diluir la atención sobre su misma situación política y económica.
La tensión se agrava en un momento crítico para el gobierno sandinista, que enfrenta sanciones propias, aislamiento diplomático y presión internacional por su represión a la oposición.
Trump ha subrayado que Cuba representa “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional estadounidense y que su política busca “aislar económicamente” a La Habana, incluido el uso de aranceles contra quienes suministren petróleo a la isla.







