Dictador Ortega reaparece ante militares con un discurso errático, lagunas mentales y nuevas distorsiones históricas

El dictador nicaragüense reapareció públicamente después de posponer en dos ocasiones un acto de la Fuerza Naval y ofreció un discurso marcado por pausas y olvidos, dificultades para hablar y referencias históricas cuestionables.

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Daniel Ortega, dictador senil y criminal de lesa humanidad de Nicaragua.

El dictador nicaragüense Daniel Ortega reapareció la noche del lunes en público en Managua después de haber pospuesto en dos ocasiones la celebración del 46 aniversario de la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua.

En un acto rodeado por los principales mandos militares y policiales del país, Ortega ofreció un discurso de casi una hora marcado por un ritmo más lento de lo habitual, frecuentes y prolongadas pausas, dificultades para hilvanar ideas, distorsiones de hechos y reiteraciones.

Ortega, de 80 años, apareció visiblemente más lento y cansado que en anteriores intervenciones públicas.

Durante su discurso tuvo dificultades para articular algunas palabras y mantuvo pausas prolongadas, mientras en varios momentos perdió el hilo de sus argumentos y volvió repetidamente sobre los mismos episodios históricos.

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Cansado, errático, con lagunas mentales y serio deterioro cognitivo. Así lució el dictador Daniel Ortega.

Vuelve con los helicópteros

La intervención también estuvo acompañada de afirmaciones históricas imprecisas.

Una de las más llamativas fue su insistencia en que los militares estadounidenses utilizaron helicópteros para perseguir y atacar al general Augusto C. Sandino durante la guerra contra los marines estadounidenses en Nicaragua.

La afirmación no corresponde con la tecnología disponible en la época.

Los marines sí emplearon aviones contra las fuerzas de Sandino desde 1927 y desarrollaron operaciones de bombardeo y apoyo aéreo. Fuentes históricas del propio Cuerpo de Marines documentan el uso de aviones como los DH-4 durante aquella campaña.

Ortega no hizo referencia durante su discurso a los recientes cambios políticos de su régimen ni lanzó una confrontación directa contra el presidente estadounidense Donald Trump o el secretario de Estado Marco Rubio.

Por el contrario, destacó que Nicaragua y sus fuerzas de seguridad, según afirmó, han sabido combatir el narcotráfico, en un mensaje que evitó cualquier choque directo con Washington.

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Dictador Daniel Ortega y su pareja, la codictadora Rosario Murillo.

Del Arca de Noé a los imperios

El discurso comenzó con una singular interpretación bíblica. Ortega comparó la Fuerza Naval con el Arca de Noé, a la que presentó como la primera gran fuerza naval de la historia porque, según dijo, fue construida para salvar vidas humanas y animales y no para hacer la guerra.

A partir de esa comparación, volvió a su habitual recorrido distorsionado por la historia de Nicaragua para denunciar las conquistas y las intervenciones extranjeras.

Atacó primero a España, a la que acusó de haber utilizado sus barcos para apoderarse de América, esclavizar a sus habitantes y apropiarse de sus riquezas.

Después dirigió sus críticas contra Inglaterra por su presencia histórica en la Costa Caribe nicaragüense y mencionó la relación entre el Imperio británico y los miskitos.

También habló de Alemania y de un conflicto ocurrido durante el Gobierno de Pedro Joaquín Chamorro y Alfaro en el siglo XIX, relacionado con reclamaciones de ciudadanos alemanes y la presencia de buques de guerra alemanes en aguas nicaragüenses.

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Los mandos de la guardia sandinista también se mirán golpeados por el estado de deterioro mental del dictador Ortega.

Sandino, Zeledón, Walker… otra y otra vez

Finalmente concentró sus críticas en la naval de Estados Unidos. Defendió al expresidente liberal José Santos Zelaya, recordó la intervención estadounidense que contribuyó a su salida del poder y mencionó posteriormente a Benjamín Zeledón y Augusto C. Sandino.

Al referirse a Sandino, Ortega volvió a presentar la resistencia del general como una lucha contra una poderosa maquinaria militar estadounidense. Aseguró que los marines terminaron retirándose derrotados después de años de combate.

El dictador también recordó a William Walker y la Batalla de San Jacinto, episodios que utilizó para reforzar su relato de una Nicaragua históricamente enfrentada a potencias extranjeras.

La aparición de Ortega se produjo después de dos aplazamientos del acto naval, sin que el régimen explicara públicamente las razones de los cambios de fecha.

Su regreso ante los mandos militares volvió a mostrar el esquema habitual de sus apariciones públicas: un escenario controlado, rodeado de altos funcionarios, policías y militares, y un extenso discurso centrado en la interpretación política de la historia y en la defensa del poder que comparte con su esposa y codictadora, Rosario Murillo.

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