La codictadora de Nicaragua, Rosario Murillo, lanzó un discurso con fuertes descalificaciones contra sacerdotes y opositores nicaragüenses en el exilio. Durante su intervención en Viernes Santo, los calificó como “serpientes venenosas” y cuestionó su papel público.
El mensaje se produjo en medio de críticas internacionales por las restricciones a las procesiones religiosas en el país. Sin embargo, Murillo evitó responder de forma directa a esos señalamientos.
Además, hizo referencias indirectas a la situación migratoria en Estados Unidos. Mencionó que muchos “hermanos” enfrentan “tiempos duros”, en alusión a políticas migratorias recientes.
Ataques directos
Murillo centró gran parte de su discurso en cuestionar a sacerdotes y opositores. Afirmó que utilizan una retórica alejada de la “hermandad” y los acusó de actuar con odio y arrogancia.
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, expresó. Luego agregó que estas personas tienen “corazón de serpientes venenosas”.
También criticó a quienes se presentan como líderes religiosos. Cuestionó que hablen en nombre de la fe mientras, según dijo, promueven mensajes de confrontación.
Estas declaraciones se dan en un contexto de tensiones entre el gobierno de Nicaragua y sectores de la Iglesia católica. En los últimos años, varios sacerdotes han salido al exilio.
Señalamientos de intereses económicos y políticos
En su intervención, Murillo acusó a sus críticos de actuar por intereses económicos. Aseguró que algunos opositores están “vendidos” y responden a agendas externas.
Según sus palabras, estas personas buscan beneficios materiales y actúan como “súbditos de imperios”. También los responsabilizó de intentar generar división social.
El discurso incluyó referencias constantes a la lealtad política y a la defensa del modelo de gobierno. Estas afirmaciones se alinean con la narrativa oficial del Ejecutivo nicaragüense.
Mensaje religioso en medio de la confrontación
Murillo combinó sus críticas con un llamado religioso. Pidió a Dios que calme los “apetitos” y sentimientos negativos de sus adversarios.
Afirmó que su intención es promover la convivencia como “familia cristiana”. No obstante, mantuvo un tono confrontativo durante la mayor parte del mensaje.
Además, evocó recuerdos personales de su infancia. Relató experiencias vinculadas a celebraciones religiosas, como el uso de “zapatos de charol”.
Estrategia comunicacional y control de la narrativa
Murillo destacó la difusión de imágenes de celebraciones religiosas en el país. Agradeció a medios oficiales por mostrar templos llenos y actos de fe.
Estas declaraciones coinciden con reportes sobre restricciones a procesiones en espacios públicos. El gobierno ha limitado estas actividades en los últimos años.
La funcionaria insistió en que las imágenes reflejan la “fortaleza cristiana” del pueblo. También acusó a sus críticos de tergiversar la realidad.
Finalmente, retomó sus ataques contra líderes religiosos. Reiteró que algunos “pastores” difunden mensajes negativos y carecen de autenticidad espiritual.
Persecución constante
El discurso de Rosario Murillo se enmarca en un escenario de creciente tensión política. Las relaciones entre el gobierno, la oposición y la Iglesia continúan deteriorándose.
Organismos internacionales y gobiernos extranjeros han cuestionado las restricciones religiosas y el trato a opositores. Mientras tanto, el Ejecutivo mantiene su discurso de confrontación.
Las declaraciones recientes refuerzan un patrón de comunicación oficial basado en la descalificación de voces críticas dentro y fuera del país.







