Honduras es muy singular. Cada gobierno desde 1982, se inició bajo eslogan sonoros. Roberto Suazo Córdoba, gobernó bajo la oferta de una “revolución de la honestidad y el trabajo”. En la práctica nada de ello. El país empezaba con regímenes civiles. Se destruía el mito que había dos clases de políticos. Los militares, superiores y honrados, por una parte, llamado a gobernar al país “hasta que el ultimo hondureño aprendiera a leer”. Y los civiles que al gobernar no lo habían hecho con la competencia, honorabilidad y compromiso patriótico necesario. “Habían perdido el derecho a gobernar”. El reformismo militar duro 10 años y causó daños invaluables. El 4 de diciembre de 1972, Oswaldo López Arellano inició un régimen llamado a reformar política y económicamente al país.
Los resultados del gobierno de Suazo Córdova no fueron revolucionarios y menos honestos. Igual pasó con el resto. José Azcona más humilde. No levantó banderas. Leonardo Callejas, anunció el cambio. Carlos Roberto Reina Idiáquez volvió con la “revolución moral”-
Pero el gobierno más “léxico”, ha sido el de Xiomara Castro que ofreció “refundar la patria”. Xiomara, –la gobernante menos escolarizada–, es la que más ha enriquecido el lenguaje. Aunque nadie definió que significaba refundar, al finalizar el periodo de Xiomara se aceptó que lo que no se había definido, seria continuado por su sucesora Rixi Moncada. Cosas extrañas de la vida política. La maravilla del uso del español.
Repito el régimen de Xiomara es el que más palabras de poco uso, volvió populares. “Resistencia” tuvo una fuerte base justificativa y “haber nacido en la calle”, deslindo las fronteras entre amigos y enemigos. “Golpe de estado” y sin olvidar a los “golpistas” que debían que pagar las cuentas. Por ello “ni olvido ni perdón”. De allí que fue necesario forjar la memoria histórica, construyendo un santoral de los caídos en la lucha en contra de la oligarquía, las 10 familias y los explotadores del pueblo. Y se impuso una nueva narrativa. Mini revisionismo histórico. El esfuerzo por darle cara a los explotadores y aislarlos, para que los explotados, bajo las banderas de los socialistas democráticos – otro término usado, pero poco aclarado—desde la distancia, levantaran las banderas “revolucionarias” derrotarlos. Para desde arriba “democratizar la economía” – concepto indefinido—apenas con la meta de suprimir la Central de Riesgos y eliminar los fideicomisos y a los banqueros. Los militares que se habían callado la emprendieron contra los periodistas que fueron llamados los “sicarios de la verdad”.
Los conceptos económicos usados por Rixi en forma arrebatada, para destruir a la oligarquía, pasaron por alto que los Zelaya–Castro, son parte de la oligarquía ganadera. Y que en Olancho tienen sus pecados y sus cementerios.
De auto definición, se llamaron “revolucionarios”, “compañeros”, marxistas, ñangaras – usado por sus adversarios – “comandante”, y como metáforas “caudillo de todas las victorias”, los Coquimbos morazanistas. Y en términos organizativos los colectivos y los “calixtos”. La oposición enriqueció el lenguaje con “reina de occidente”, “reina del norte”. Mel Zelaya usó golosamente capitalismo salvaje, imperialismo y bipartidismo. Extradición solo al final. El bipartidismo enriqueció el lenguaje con apodos: “reina de occidente”, “reina del norte” y los crueles: “garganta pagada” a los periodistas enemigos. El más vulgar de todo: “legislar con la vagina”, de una diputada hacia una colega suya. “Chumpa Juca”, “gorra juca” y “Ramona”, tuvieron mucho éxito. El más bonito “buen corazón” de poco pegue.
En la campaña se usaron: “no volverán”, “para afuera es que van”, “Mel nunca más”, “narco dictadura” y “donde está el dinero”, “la mitad para el comandante”. De repente la palabra nueva y más repetida fue “fuera el familión”, aludiendo a unas pocas familias que habían atrapado los cargos públicos. Fue la consigna más exitosa convirtiéndose en la más popular y repetida. Como antes había sido “fuera JOH”. Y las más sensible: “Constituyente” que dijo Hugo Neo Pino está en el ADN de Libre, que se sintió afectado por el uso de las siglas P.L.R.
El gobierno nada refundó; pero sacudio el léxico. Xiomara fue muda, — nunca dio una conferencia de prensa – y cada vez que hablo, sabiamos lo que diría. Igual que Suazo Córdova contaba los años la que tenía sin beber, repetía los años del narco dictadura y el golpe de estado.
Otras palabras más inocentes. La tarjeta de identidad fue cambiada por DNI, sin temor a recordar un aparato represivo del estado de seguridad. Y el obtenerla, se llamó enrolarse, juntarse o unirse con Rolando. Muy inocente; pero prueba que lenguaje es poder. La expresión más dolorosa: “vil llanura”.







