La caída de Maduro complica la estrategia de China en América Latina

La sorpresiva intervención militar de EE. UU. en Venezuela sacudió los intereses económicos y geopolíticos de China en la región.

El dictador venezolano Nicolás Maduro inaugurando un busto de Hugo Chávez junto al gobernante chino XI Jinping.

La captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro, por fuerzas estadounidenses el pasado sábado en Caracas, representa un revés estratégico para China en América Latina, particularmente en momentos en que Pekín busca ampliar su influencia e inversiones en la región, según un amplio análisis publicado por Bloomberg.

Venezuela es el mayor deudor latinoamericano de China y su principal cliente petrolero. Durante años, el régimen de Maduro recibió respaldo financiero y político por parte del gobierno chino, que lo apoyó frente a sanciones impuestas por Estados Unidos. Sin embargo, su repentina caída obligará a Pekín a replantear su política regional, aunque todo indica que evitará un enfrentamiento directo con Washington.

La ofensiva liderada por el presidente Donald Trump podría incluso tener implicaciones más amplias. Analistas no descartan que China observe con atención el modelo de operación militar aplicado en Venezuela, considerando su propio objetivo de unificar Taiwán.

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Maduro buscó en China el rescate a su desastre económico y endeudó enormemente a su país.

China y Venezuela: una alianza estratégica

En 2023, China elevó su relación con Venezuela a una “asociación estratégica de todo tiempo”, el segundo nivel más alto de vínculos bilaterales que reconoce Pekín. Esta alianza permitió a Maduro aumentar las exportaciones de crudo —que representan el 95 % de los ingresos externos del país— y consolidar el respaldo diplomático chino en foros internacionales.

Durante una reunión en Moscú, el presidente Xi Jinping dijo a Maduro que ambos países han forjado una “amistad a prueba de todo” y prometió “apoyar firmemente a Venezuela en la defensa de su soberanía y estabilidad social”.

A nivel comercial, China es el segundo socio económico de Venezuela después de Estados Unidos, con un intercambio que superó los $7,100 millones en 2024. Además, Venezuela fue uno de los mayores compradores de armamento chino en América Latina, con adquisiciones por $495 millones entre 2010 y 2020, según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.

Finanzas en juego: deuda pendiente y petróleo en tránsito

Desde 2007, China prestó más de $60,000 millones a Venezuela, la mayoría respaldados por petróleo. Se estima que un 80 % de esa deuda ha sido saldada, pero aún quedan cerca de $12,000 millones pendientes. Tras la caída de Maduro, el regulador financiero chino solicitó a los bancos estatales informar su exposición a Venezuela, lo que refleja el creciente temor ante impactos financieros por riesgos geopolíticos.

Aunque datos oficiales indican que China no ha recibido crudo venezolano desde marzo de 2025, análisis de rastreo marítimo muestran que los envíos se mantuvieron robustos en 2025, especialmente en el segundo semestre. Estas cargas, que representan el 4 % de las importaciones de petróleo chinas, suelen llegar mediante rutas indirectas y transferencias entre buques para ocultar su origen.

El crudo Merey, insignia venezolana, es esencial para producir betún y su bajo costo frente a otras variedades pesadas lo hace atractivo para las refinerías independientes chinas.

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Maduro entregó concesiones a petroleras chinas.

Intereses petroleros en riesgo

Trump aseguró que Estados Unidos “reconstruirá” la industria petrolera venezolana, y que empresas estadounidenses asumirán su operación. Esto podría poner en jaque los derechos que hoy poseen petroleras chinas como Sinopec y la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), que tienen acuerdos sobre reservas estimadas en 4,400 millones de barriles, según Morgan Stanley.

Si bien China cuenta con inventarios en buques anclados cerca de Asia, y podría abastecerse de Canadá o Irán, estas alternativas resultan más costosas y logísticamente complejas.

La acción militar estadounidense en Venezuela intensificó la pugna con China por el control de espacios estratégicos en América Latina. El gobierno de Trump, al publicar en diciembre su nueva estrategia de seguridad nacional, revivió la Doctrina Monroe para impedir que potencias extranjeras controlen activos clave en el hemisferio occidental.

La prensa oficial china calificó el operativo en Caracas como un acto de “saqueo colonial” y una violación del orden internacional. Pekín exigió la liberación inmediata de Maduro y su esposa, aunque no parece dispuesto a involucrarse militarmente en un conflicto que podría escalar con Estados Unidos.

El momento fue particularmente incómodo para China: un día antes de la captura de Maduro, el régimen venezolano recibió en Caracas a una delegación de alto nivel encabezada por el representante especial del gobierno chino para América Latina, Qiu Xiaoqi.

Implicaciones para Taiwán

El episodio venezolano también tuvo eco en Taiwán. Funcionarios taiwaneses consideran que la captura de Maduro refuerza el poder disuasorio de Estados Unidos frente a posibles agresiones chinas. Aunque Trump no ha confirmado si defendería militarmente la isla, en diciembre su administración aprobó un paquete de armas para Taiwán valorado en hasta $11,000 millones.

El presidente Xi Jinping afirmó en su mensaje de Año Nuevo que la reunificación con Taiwán es “imparable”, pero un conflicto armado tendría enormes costos económicos y podría desencadenar sanciones masivas, además de paralizar el suministro mundial de semiconductores.

 

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