El ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán durante 36 años, murió tras bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel, según anunció el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Agencias oficiales iraníes confirmaron la madrugada del sábado la muerte del ayatolá Alí Jamenei en el marco del ataque conjunto lanzado por Israel y Estados Unidos este sábado y han anunciado 40 días de luto oficial en el país árabe.
Su fallecimiento pone fin a uno de los mandatos más prolongados y controvertidos en la historia contemporánea iraní.
Jamenei asumió el liderazgo en 1989 tras la muerte del ayatolá Ruhollah Jomeini, fundador de la República Islámica en 1979. Aunque su designación generó cuestionamientos dentro del clero chií por no ostentar inicialmente el rango de gran ayatolá, una reforma constitucional le permitió consolidarse en el cargo. Con el tiempo, acumuló más poder que su predecesor, ampliando su capacidad para intervenir en la política interna, nombrar autoridades clave y silenciar la disidencia.
Leader of the Islamic Revolution Ayatollah Seyyed Ali Khamenei was martyred in Israeli-American attack on Saturday. pic.twitter.com/dx80n47GoR
— IRNA News Agency ☫ (@IrnaEnglish) March 1, 2026
Durante más de tres décadas, Jamenei ejerció un férreo control sobre la vida política iraní. Respaldó a distintos presidentes según su alineación ideológica y bloqueó reformas cuando consideró que amenazaban el sistema. En 2009 avaló la represión de protestas masivas tras unas elecciones presidenciales disputadas. A finales de 2025 e inicios de 2026, ordenó sofocar un nuevo levantamiento popular contra la crisis económica, que dejó miles de muertos, según reportes citados en el análisis académico.
En política exterior, defendió una postura de resistencia frente a lo que calificaba como “imperialismo occidental” y promovió la estrategia de apoyo a aliados regionales como Hezbolá, Hamás y los hutíes. Aunque en determinados momentos permitió negociaciones sobre el programa nuclear iraní, especialmente en torno al acuerdo de 2015, adoptó un discurso más confrontativo tras la retirada estadounidense del pacto y el endurecimiento de sanciones.
Analistas consideran que, pese a su prolongado mandato, Jamenei no será recordado por la mayoría de los iraníes como un líder reverenciado. Su legado estaría marcado por el debilitamiento económico del país, el aislamiento internacional y el creciente descontento social.
A diferencia del multitudinario funeral de Jomeini en 1989, el impacto simbólico de su muerte podría reflejar un país más dividido y menos dispuesto a exaltar su figura.






